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Juegos sexuales para parejas: 15 juegos con sus reglas para salir de la rutina

15 juegos sexuales para parejas con reglas de verdad: el material, la duración y lo que paga quien pierde. De los dados del parchís al sorteo de posturas.

Oopsia·20 min de lectura
Una pareja de rodillas, frente a frente, sobre la alfombra del salón, riéndose alrededor de dos dados, una baraja y un móvil colocados en la mesa de centro, a la luz de una lámpara y de una vela

Sábado, las once y media de la noche. Los niños han caído por fin, el lavavajillas está puesto y el capítulo acaba de terminar. Os miráis en el sofá con la misma idea: tiene que haber algo mejor que irse a dormir. Os apetece jugar. Falta saber a qué y, sobre todo, cómo.

Ahí es donde os dejan tirados casi todas las listas de juegos sexuales para parejas. Nombran el strip poker, los dados eróticos y la venda en los ojos, y luego os toca inventar todo lo demás: quién empieza, cuánto dura, qué pasa cuando uno pierde. Pero un juego sin reglas no es un juego, es una sugerencia, y una sugerencia se desinfla a los tres minutos. Son las reglas las que hacen el trabajo que a vosotros no os apetece hacer: deciden por vosotros, ponen algo en juego y fijan un final.

Aquí tenéis, pues, quince juegos sexuales para jugar en pareja, ordenados en cinco familias, cada uno con su material, su duración, sus reglas completas y lo que paga quien pierde. La mayoría se juegan con lo que ya tenéis en el armario. Encontraréis también una tabla para elegir según la noche que tengáis por delante, y las respuestas a las preguntas que salen siempre antes de la primera partida.

Antes de la primera partida: tres cosas que se deciden en dos minutos

Los juegos de aquí abajo tienen reglas estrictas, y es a propósito. Pero hay tres puntos que se arreglan antes de tirar el primer dado, porque se negocian muy mal en el momento en que uno de los dos acaba de perder.

  • Lo que paga quien pierde: una prenda, una consigna, la elección de cómo sigue la noche. Decididlo antes, en frío. Si jugáis con castigos, tened a mano una lista de castigos picantes para parejas preparada de antemano: un castigo improvisado por un ganador eufórico siempre es peor que uno elegido con calma.
  • Lo que cuesta negarse: en todos estos juegos se puede rechazar una consigna, pero cuesta algo, un punto o una prenda. Es la regla habitual de este tipo de juegos, y es lo que los mantiene vivos: una negativa gratis convierte cada consigna en algo opcional, y la partida se viene abajo.
  • La palabra que lo para todo: una palabra elegida entre los dos, que no pinte nada ahí («radiador», «piña»), y que pone fin al juego en el acto, sin penalización ni discusión. Esa está por encima de todas las reglas, incluidas las que prohíben negarse.

Si lo que os frena no es elegir el juego sino la frase para sacarlo, está todo explicado en nuestro artículo sobre cómo proponer un juego picante a tu pareja sin pasar vergüenza.

Los juegos de mesa en versión picante: lo que ya tenéis en el armario

Unos dados, una baraja, el Jenga y el Twister de los niños. Son los juegos más fáciles de arrancar, porque empiezan como una partida de verdad y nadie tiene la sensación de tirarse a la piscina.

1. Los dados eróticos: dos dados y un temporizador

Material: dos dados normales, los del parchís sirven de sobra, y el temporizador del móvil. Duración: veinte minutos.

El primer dado da la acción, el segundo da la zona del cuerpo. Quien tira se lo hace al otro, durante treinta segundos al principio, y durante un minuto en cuanto cada uno haya tirado cinco veces.

DadoAcción (primer dado)Zona (segundo dado)
1BesarEl cuello y la nuca
2LamerLas orejas
3MordisquearLos pechos o el torso
4Acariciar con la punta de los dedosEl vientre
5SoplarLa cara interna de los muslos
6MasajearEl sexo

Los dobles: quien saca dobles elige a la vez la acción y la zona, sin límite de tiempo hasta la tirada siguiente. Es la regla que hace que cada tirada se espere con ganas.

Por qué funciona: el azar os ahorra tener que pedir. No sois vosotros quienes queréis un cunnilingus o una felación, son el 2 y el 6 los que han salido, y eso lo cambia todo para quien no se atreve a decirlo. Reescribid la tabla a vuestro gusto al cabo de unas cuantas partidas: vuestros dados valen más que los nuestros.

2. El juego de los palos: una baraja, cuatro palos

Material: una baraja, la española de toda la vida o la de póker. Duración: treinta minutos.

Cada uno saca una carta cuando le toca. El palo dice qué hacer, el número dice durante cuánto tiempo.

  • Copas (o corazones): besas a tu pareja donde tú quieras.
  • Oros (o diamantes): le das un masaje, donde quieras.
  • Bastos (o tréboles): le quitas una prenda, la que quieras.
  • Espadas (o picas): le haces una pregunta sobre su vida sexual. Tiene que responder con franqueza, o quitarse una prenda por su cuenta.

Las cartas de número, del 2 en adelante, valen su cifra multiplicada por diez segundos: un 7 de copas son setenta segundos de besos. Las figuras, sean sota, caballo y rey o jota, reina y rey, valen dos minutos. El as es carta blanca: dos minutos de lo que quieras, de cualquiera de los cuatro palos, incluido lo que no está escrito en ningún sitio de esta página.

Por qué funciona: la baraja entera dura bastante más que vuestra paciencia, y está muy bien que sea así. El juego no se acaba cuando se terminan las cartas, se acaba cuando uno de los dos suelta la baraja.

3. La guerra de prendas: el strip poker sin las reglas del póker

Material: una baraja. Duración: quince minutos.

El póker de verdad, entre dos, es lento: se pasa más tiempo apostando que desnudándose. La guerra, el juego de cartas de cuando erais pequeños, va directa al grano. Cada uno da la vuelta a una carta, la más baja pierde y quien la ha sacado se quita una prenda. En caso de empate, hay guerra: cada uno pone una carta boca abajo y otra boca arriba, y quien pierde ese duelo se quita dos prendas.

Antes de empezar, contad las prendas: cada uno lleva seis, ni una más. Un par de calcetines cuenta como una, las joyas y los relojes no cuentan. Sin esta regla, quien se ha dejado puestos el jersey y la bufanda gana siempre, y al otro le sienta fatal.

Cuando uno de los dos se queda desnudo: cada carta perdida se convierte en un castigo, elegido por quien gana. La partida se acaba cuando el otro se queda desnudo también, o cuando ya nadie mira las cartas.

4. El Jenga picante: la torre decide por vosotros

Material: un Jenga y un paquete de gomets, esas pegatinas pequeñas del cole. Duración: de veinte a cuarenta minutos.

Pegad un gomet debajo de veinte de los cincuenta y cuatro bloques, y escribid una consigna en cada uno. Los gomets, y no un rotulador sobre la madera, son para que el Jenga de los niños siga siendo el Jenga de los niños. Después se juega como siempre: cada consigna que salga con un bloque se cumple en el momento, y la cumple quien lo ha sacado.

Algunas consignas para llenar vuestros gomets:

  • Dos minutos de besos sin manos: las tuyas se quedan a la espalda.
  • Una prenda fuera, la que elija el otro.
  • Un minuto de caricias por encima de la ropa interior, sin apartarla.
  • Di en voz alta lo que tienes ganas de hacerle dentro de un rato.
  • Mastúrbate treinta segundos delante del otro, que no tiene derecho a tocar.

Quien tira la torre ha perdido: cumple tres consignas a elección del ganador, de entre los bloques desparramados por la mesa. Cuanto más ha durado la partida, más consignas hay caídas, y más tiene donde elegir quien gana.

5. El Twister en ropa interior: caerse tiene un precio

Material: un Twister y la aplicación gratuita que hace girar la flecha, o la ruleta original. Duración: quince minutos.

Se juega en ropa interior, y cada uno gira la ruleta cuando le toca. Quien se cae, o apoya un codo en el tapete, se quita una prenda y se vuelve a empezar. Cuando estáis desnudos los dos, cada caída vale un castigo elegido por el otro.

Por qué funciona: es el único juego de esta lista en el que acabáis enredados sin haberlo decidido. Nadie ha dado el primer paso, ha sido la ruleta la que ha pedido mano izquierda al rojo. Todo el mundo se ríe a la tercera consigna, y la risa quita la vergüenza más deprisa que cualquier ambiente cuidado.

Los juegos de sensaciones: cerrar los ojos para sentir más

Estos tres piden un pañuelo y un poco de calma. Son para las noches en las que os apetece menos reíros que volver a descubriros. Si ese es el registro que buscáis, sin marcador ni perdedor, tiene su propia página: doce juegos sensuales para parejas, ordenados por sentidos, del masaje en tres rondas al beso de chocolate.

6. Adivina con qué: un pañuelo y cinco objetos de casa

Material: un pañuelo para vendar los ojos, y cinco objetos sacados de casa. Por ejemplo un cubito de hielo, una brocha de maquillaje, una cuchara pasada por agua caliente, un trozo de seda, una pluma o una esponja de baño. Duración: veinte minutos.

Uno tiene los ojos vendados, el otro le pasa cada objeto por una zona del cuerpo durante unos diez segundos, en el orden que quiera. Quien lleva la venda tiene que decir qué objeto es. Cada fallo cuesta una prenda. Después de cinco objetos, se cambian los papeles.

La regla que hace el juego: en la segunda vuelta, quien toca tiene derecho a colar su boca entre los objetos, sin avisar. Si se la adivinan, la prenda se la quita quien tocaba.

7. El mapa del cuerpo: diez zonas, una nota del 1 al 5

Material: nada, o un trozo de papel para apuntar. Duración: veinticinco minutos.

Es el juego más útil de esta lista para una pareja que lleva mucho tiempo junta. Uno toca al otro en diez zonas, veinte segundos en cada una, siempre con el mismo gesto: el cuello, las orejas, los hombros, la parte baja de la espalda, los pechos o el torso, el vientre, las nalgas, la cara interna de los muslos, los pies, el sexo. El otro pone una nota del 1 al 5 en voz alta, sin comentarios. Quien toca memoriza las notas, y después se cambian los papeles.

Al final, cada uno dice las tres zonas en las que el otro ha puesto sus mejores notas. Por qué funciona: lo que os hacía efecto hace diez años no es por fuerza lo que os lo hace hoy, y vuestra pareja sigue haciendo lo que funcionaba entonces. El juego pone las cosas al día sin que ninguno de los dos tenga que decir «en realidad, me gusta más así».

8. El espejo: uno hace, el otro repite

Material: nada. Duración: quince minutos.

Durante dos minutos, uno le hace al otro exactamente lo que le apetece que le hagan: un gesto, un sitio, un ritmo. Después el otro se lo devuelve, idéntico, sin añadir nada y sin quitar nada. Se cambian los papeles, tres veces cada uno.

Por qué funciona: es una manera de pedir sin hablar. Quien lleva la iniciativa enseña lo que quiere, quien sigue recibe la consigna sin que se pronuncie una sola palabra. Para alguien que nunca ha sabido decir sus deseos en voz alta, este juego suele hacer más en diez minutos que años de indirectas.

Los juegos de tensión: la espera es todo el juego

Aquí no se gana haciendo, se gana aguantando. Son los juegos que dan los mejores preliminares, porque prohíben justo lo que os apetece.

9. La cuenta atrás: quince minutos con la penetración prohibida

Material: el temporizador del móvil, colocado bien a la vista. Duración: quince minutos, ni uno menos.

Poned el temporizador en quince minutos. Todo está permitido, menos la penetración. El primero que lo intente, o que la pida en voz alta antes de que suene, ha perdido, y quien pierde cumple un castigo elegido por el otro antes de tener derecho a seguir.

Por qué funciona: la prohibición cambia el objetivo. Ya no se trata de llegar a ningún sitio, se trata de hacer que el otro se rinda, y os pasáis quince minutos en lo que de costumbre despacháis en tres. El último minuto, mirado en la pantalla, es con diferencia el más largo de la noche. Si lo que os gusta es esa subida, nuestros juegos preliminares en pareja, nivel a nivel la convierten en una noche entera, del mensaje de mediodía a la cama.

10. Las zonas prohibidas: tres sitios que no se pueden tocar

Material: nada. Duración: diez minutos por persona.

Cada uno anuncia tres sitios de su propio cuerpo que el otro no puede tocar durante diez minutos, por lo general los más evidentes. El otro tiene diez minutos para despertarle las ganas a pesar de todo, pasando tan cerca como quiera de las zonas prohibidas. Cada contacto con una de ellas, aunque sea un roce, cuesta un minuto con las manos a la espalda.

Por qué funciona: al prohibir los tres sitios a los que vais siempre, obligáis al otro a explorar todo lo demás. Y cuando pasan los diez minutos, las zonas prohibidas dejan de serlo.

11. El primero que se rinda: quieto y en silencio

Material: el cronómetro del móvil. Duración: diez minutos.

Uno se tumba y ya no puede moverse ni hacer el menor ruido: ni un suspiro, ni un gemido, ni una risa. El otro tiene carta blanca para hacer que se rinda, y pone en marcha el cronómetro. Al primer sonido o al primer movimiento, se para el crono y se apunta el tiempo. Después se cambian los papeles.

Quien haya aguantado más tiempo ha ganado, y elige lo que pasa después. El perdedor ya no tiene ni voz ni voto sobre el resto de la noche, que muchas veces es exactamente lo que esperaba.

Los juegos de azar: dejar que la suerte elija por vosotros

Al cabo de diez años, se hace el amor en las dos o tres posturas que funcionan, y de ahí ya no se sale. Estos dos juegos sirven para que el azar os saque de la costumbre.

12. El sorteo de posturas: doce papeles, un temporizador de tres minutos

Material: doce papeles doblados en un cuenco, el temporizador del móvil. Duración: lo que aguantéis.

Escribid una postura en cada papel. Por ejemplo: el misionero, a lo perrito, la amazona (ella encima, de cara a él), la amazona invertida (ella encima, de espaldas a él), la cucharita, de pie contra la pared, ella en el borde de la cama y él de pie, sentados en una silla, el sesenta y nueve, de lado con las piernas entrelazadas. Añadid dos papeles: «elige ella» y «elige él».

Sacad un papel y poned el temporizador en tres minutos. La única regla: cuando suena, se cambia, aunque sea en el peor momento. Es justo lo que hace gracioso el juego, y lo que consigue que nunca os lo toméis demasiado en serio. Una postura fallida, que la habrá, se toma a risa y se saca del cuenco.

13. El tarro de los deseos: lo que no os atrevéis a decir en voz alta

Material: un tarro, papel, un boli para cada uno. Duración: cinco minutos para escribir, y después una noche a la semana.

Cada uno escribe, a solas en su rincón, cinco cosas que le gustaría probar. Sed concretos: «mirarte mientras te masturbas», «el sexo anal», «hacer el amor en otro sitio que no sea la cama», «un juguete», «que me pongas una venda en los ojos». Doblad, mezclad, y el domingo por la noche, sacad un papel.

El derecho de veto: quien no ha escrito el papel puede rechazarlo, sin dar explicaciones, y el papel va a la basura. No se permite ningún comentario, ni en un sentido ni en el otro.

El límite del tarro es que hay que escribir el deseo sabiendo que el otro lo leerá, y que a veces lo rechazará. Así que muchos solo escriben lo que están casi seguros de ver aceptado. Esa es la objeción que esquivan algunos juegos picantes que se juegan en pareja con un solo móvil: cada uno marca sus deseos en secreto, y el juego solo saca lo que habéis elegido los dos, sin revelar nunca quién ha marcado qué.

Los juegos de poder y de palabra

Los dos últimos no piden ningún material. Uno juega con la relación de fuerzas, el otro con lo que se ha hecho y nunca se ha contado.

14. Diez minutos cada uno: uno manda, el otro obedece

Material: el temporizador del móvil. Duración: veinte minutos.

Un piedra, papel o tijera al mejor de tres decide quién empieza. Durante diez minutos, quien empieza da órdenes y el otro obedece: desnudarse, ponerse de rodillas, acariciarse mientras el otro mira, lamer ahí donde se lo pidan. Cuando suena el temporizador, los papeles se invierten, y quien acaba de obedecer tiene diez minutos para tomarse la revancha.

Por qué funciona: la simetría. Quien manda sabe que obedecerá justo después, y dosifica en consecuencia. Si esta es la familia que os atrae, tiene su propio manual, con el marco y treinta escenas, en nuestro artículo sobre los juegos de dominación y sumisión en pareja.

15. Yo nunca, en pareja: cada confesión cuesta una prenda

Material: nada. Duración: quince minutos.

Por turnos, cada uno dice una frase que empieza por «yo nunca». Si el otro sí lo ha hecho, se quita una prenda y cuenta en una frase dónde y cuándo. Las frases tratan de vuestra vida sexual, juntos o de antes: «yo nunca he hecho el amor en un coche», «yo nunca me he masturbado en la oficina pensando en ti», «yo nunca he fingido».

Por qué funciona: entre dos, el juego cambia de naturaleza. Ya no se trata de beber o no beber delante de los amigos, es una serie de confesiones hechas a la única persona que importa, y cada uno se entera de cosas que nunca se le había ocurrido preguntar. Sesenta frases listas para sacar, de las que dan risa a las confesiones sin filtro, os esperan en nuestro yo nunca picante para parejas.

Los demás juegos de preguntas tienen cada uno su página, con sus listas completas: las preguntas picantes de sí o no para parejas para el arranque más suave, el «¿qué prefieres?» para parejas para elegir entre dos deseos, un test de pareja divertido para reírse antes de que suba la temperatura, y un juego de preguntas abiertas para parejas para las noches en las que sobre todo os apetece hablar. Y si preferís consignas que caen sin partida ni perdedor, mirad nuestros retos picantes para lanzar sin avisar.

¿Qué juego sexual elegir según vuestra noche?

El juego adecuado depende menos de lo que os apetece que del tiempo y de la energía que os quedan. Por aquí se empieza.

Vuestra nocheEl juegoPor qué ese
Veinte minutos antes de dormir, cansados los dosLos dados eróticos (n.º 1)Ninguna preparación, y paráis cuando queréis
Lleváis años sin jugarLa guerra de prendas (n.º 3) o el Twister (n.º 5)Se empieza con una partida de verdad, y os reís antes de tocaros
Queréis saber qué le sigue gustando al otroEl mapa del cuerpo (n.º 7)Diez notas del 1 al 5 dicen más que una conversación larga
Un deseo que no os atrevéis a formularEl espejo (n.º 8) o el tarro (n.º 13)Se pide enseñando, o por escrito
Los niños en casa de los abuelos, toda la noche por delanteLa cuenta atrás (n.º 9), y después el sorteo de posturas (n.º 12)Primero la tensión, después la variedad
A uno de los dos le apetece llevar el mandoDiez minutos cada uno (n.º 14)Un turno para cada uno, nadie se queda atrapado en un papel
Todavía no del todo listos para tocarosYo nunca (n.º 15)Se empieza hablando, y la ropa cae igualmente

En Nochevieja, la guerra de prendas tiene incluso su hueco: nuestras ideas para una Nochevieja en pareja la colocan a las diez, antes de una última hora de doce retos hasta las campanadas.

Vuestras preguntas sobre los juegos sexuales para parejas

¿Qué juego sexual elegir cuando nunca se ha jugado en pareja?

Uno que empiece como una partida cualquiera: la guerra de prendas, el Twister o el juego de los palos. Durante los primeros minutos jugáis a las cartas, no hacéis nada íntimo, y a la vergüenza le da tiempo a irse antes de que las consignas se pongan serias. Guardad la cuenta atrás y el tarro de los deseos para la segunda o la tercera noche, cuando ya sepáis lo que es jugar juntos.

¿Qué juegos sexuales se pueden hacer sin juguetes ni accesorios?

El espejo, el mapa del cuerpo, las zonas prohibidas, el primero que se rinda, diez minutos cada uno y el yo nunca no piden nada de nada, aparte de un móvil para el temporizador. El juego de los palos y la guerra solo piden una baraja, y los dados eróticos dos dados normales. Ningún juego de esta lista obliga a comprar nada.

¿Cómo proponerle un juego sexual a tu pareja?

Proponiendo un juego concreto, en un momento concreto, lejos de la cama: «he encontrado un juego con dados, ¿lo probamos el sábado?» entra mucho mejor que «¿y si probamos algo?». El juego lleva la petición por ti, y eso es bastante más fácil de aceptar que un deseo dicho en primera persona. Lo demás, el momento, las palabras y qué hacer si la respuesta es no, está explicado en el artículo sobre cómo proponer un juego picante sin que resulte incómodo.

¿Cuánto dura una partida?

Entre quince y cuarenta minutos en la mayoría de los juegos de esta lista, preparación incluida. Es a propósito: una partida que cabe en lo que dura un capítulo de una serie se propone con mucha más facilidad que una «noche picante» que parece que va a ocupar la noche entera. Y nada os impide encadenar dos juegos si el primero ha ido bien. Y para las noches en que hasta quince minutos de preparación parecen demasiado, nuestros juegos para parejas en casa arrancan en dos minutos con un simple móvil.

¿Y si uno de los dos gana siempre?

Ponedle un hándicap. En el primero que se rinda, tiene que aguantar el doble de tiempo para ganar. En la guerra, empieza con cuatro prendas en vez de seis. En el Jenga, saca los bloques con una sola mano. Un juego cuyo resultado se conoce de antemano pierde toda la gracia, y un perdedor que pierde siempre acaba por no tener ganas de jugar.

¿Hace falta siempre un perdedor?

No, pero es él quien hace que en la partida haya algo en juego. Los juegos de sensaciones, como el mapa del cuerpo o el espejo, se juegan muy bien sin marcador. Los juegos de mesa en versión picante, en cambio, solo funcionan con un perdedor que paga: lo que vuelve excitante la carta siguiente es la perspectiva de quitarse una prenda, no la carta en sí.