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¿Qué prefieres? para parejas: 70 preguntas picantes, de la más divertida a la más extrema

70 preguntas de «¿qué prefieres?» para parejas, de la divertida a la extrema. Dos opciones, cinco segundos para elegir y las reglas que lo vuelven picante.

Oopsia·16 min de lectura
Una pareja sentada en un sofá de flores, de noche, en un salón lleno de libros, que se sonríe; ella sujeta unas cartas y hay más repartidas sobre la mesa de centro, entre dos tazas

«¿Qué prefieres: poder volar o ser invisible?» Todo el mundo ha jugado alguna vez, en un campamento de verano o al final de una cena con amigos, con dilemas que no comprometían a nadie. Entre dos adultos que comparten cama desde hace diez años, el mismo juego cambia por completo de naturaleza.

Porque la pregunta obliga a elegir. Nadie os pregunta «¿y a ti qué te apetecería?», esa pregunta que hace contestar «no sé» a gente que lo sabe perfectamente. Os ponen delante dos opciones ya escritas, y señaláis una con el dedo. Es la forma más barata que existe de averiguar qué prefiere de verdad vuestra pareja en la cama, incluso en temas en los que creíais conocer la respuesta desde hace años.

Aquí tenéis 70 preguntas de «¿qué prefieres?» para parejas, en cinco rondas que van de lo divertido a lo extremo. Encontraréis primero las reglas que impiden hacer trampas, después las preguntas, dos variantes para convertirlas en una partida de verdad, y el momento en que más vale dejar el móvil.

Cómo jugar al «¿qué prefieres?» en pareja: las cinco reglas

El principio cabe en una línea: uno lee la pregunta y el otro elige entre las dos opciones. Son las pequeñas reglas de alrededor las que marcan la diferencia entre una conversación educada y una partida de la que volveréis a hablar.

  • Dos opciones, nunca tres: «las dos», «ninguna de las dos» y «depende» están prohibidas. Son respuestas cómodas precisamente porque no dicen nada, y toda la gracia del juego está en obligaros a decidir entre dos cosas que habríais dejado encantados en el aire.
  • Cinco segundos para responder: quien hace la pregunta cuenta en voz alta. Pasados los cinco segundos ya no se elige lo que uno prefiere, se elige lo que es prudente contestar, y esa ya no es en absoluto la misma información.
  • Responden los dos: la pregunta vale para ambos. Para que ninguno se deje llevar por la respuesta del otro, contestad a la vez: a la de tres, cada uno enseña un dedo para la primera opción o dos dedos para la segunda.
  • Un solo «¿por qué?»: después de la respuesta, cada uno tiene derecho a una pregunta más, y solo a una. Una pregunta más hace hablar, tres son un interrogatorio, y la partida se atasca a la cuarta pregunta.
  • Se sube, no se baja: las rondas están ordenadas de la más ligera a la más atrevida. Empezad por la primera aunque vuestro objetivo sea la cuarta: las preguntas divertidas asientan la regla de los cinco segundos mientras todavía no hay nada en juego.

Si no queréis elegir las preguntas vosotros mismos, el sorteo de aquí abajo las saca al azar, de una ronda concreta o de toda la lista.

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Las 70 cartas del artículo, sacadas al azar. Elegid una familia y guardad de paso las que os gusten para haceros una baraja. No se guarda ni se envía nada.

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¿Qué prefieres? divertido: preguntas para arrancar la partida

Dilemas absurdos, pero que ya hablan de vosotros dos y de vuestra vida real, niños y vecinos incluidos. Sirven para reírse, y para que la pregunta «¿qué prefieres?» os resulte familiar antes de que se ponga seria.

  1. El vigilabebés. ¿Qué prefieres: hacer el amor con el vigilabebés encendido en la mesilla de noche o con el gato mirándonos desde la cómoda?
  2. La playlist. ¿Qué prefieres: hacer el amor con la playlist de tu adolescencia en modo aleatorio o en un silencio tan absoluto que se oye la nevera?
  3. El mote. ¿Qué prefieres: que te llame «churri» cada vez que hagamos el amor, durante el resto de tu vida, o que te llame por tu apellido?
  4. La lencería. ¿Qué prefieres: que te espere en la cama con algo comprado para la ocasión o con un pijama de franela y una mirada extremadamente seria?
  5. El audio extraviado. ¿Qué prefieres: que mande por error un audio subido de tono al grupo de WhatsApp de los padres del cole o que se lo mande a tu jefe?
  6. El historial. ¿Qué prefieres: que lea en voz alta tu historial de búsquedas de los últimos treinta días o leer tú el mío?
  7. La visita sorpresa. ¿Qué prefieres: que tu madre llame al timbre en el peor momento o que uno de los niños llame a la puerta del dormitorio en el peor momento?
  8. La nota. ¿Qué prefieres: que te ponga nota del uno al diez después de cada vez o no saber nunca qué me ha parecido?
  9. La limpieza. ¿Qué prefieres: pasar la aspiradora sin nada de ropa mientras te miro desde el sofá o mirarme tú mientras la paso yo?
  10. Los vecinos. ¿Qué prefieres: que los vecinos nos oigan perfectamente una vez o que crean que llevamos años sin hablarnos porque nunca oyen nada?
  11. El accidente. ¿Qué prefieres: un ataque de risa incontrolable en plena faena o un calambre en el gemelo en ese mismo momento?
  12. Ponerse al día. ¿Qué prefieres: recuperar en un solo fin de semana todas las noches que no hemos tenido este mes o repartirlas a lo largo del mes que viene?
  13. El chirrido. ¿Qué prefieres: una cama que chirría con cada movimiento o un cabecero que golpea la pared del vecino?
  14. La ropa de después. ¿Qué prefieres: que nos quedemos desnudos hasta el desayuno o que nos vistamos del todo en treinta segundos, cronómetro en mano?

¿Qué prefieres? picante: cuándo, dónde y cómo ponerse a ello

La ronda del día a día. Con niños, horarios y un cansancio que se va acumulando, la verdadera pregunta muchas veces no es «qué», sino «cuándo» y «dónde». Estas catorce la contestan, y varias respuestas se convierten en una cita sin que haya hecho falta hablarlo de otra manera.

  1. El hueco. ¿Qué prefieres: el sábado a la hora de la siesta, con los niños delante de los dibujos, o el domingo por la noche cuando por fin duermen de verdad?
  2. El aviso. ¿Qué prefieres: que te anuncie por la mañana que esta noche haremos el amor o que me lance sobre ti sin avisar?
  3. La frecuencia. ¿Qué prefieres: veinte minutos varias noches por semana o una noche entera una vez al mes?
  4. El pestillo. ¿Qué prefieres: que pongamos por fin un pestillo en la puerta del dormitorio o que conservemos el morbo de la puerta que no se cierra con llave?
  5. La tarde. ¿Qué prefieres: una habitación de hotel un martes por la tarde, pidiéndonos cada uno la tarde libre, o un fin de semana entero en casa mientras los niños están con los abuelos?
  6. El cuarto de adolescente. ¿Qué prefieres: hacer el amor en tu cuarto de adolescente, en casa de tus padres, durante un fin de semana en familia, o en el cuarto de invitados de nuestros mejores amigos?
  7. El despertar. ¿Qué prefieres: que te despierte mi boca sobre tu sexo o dormirte con mi mano entre tus piernas?
  8. La luz. ¿Qué prefieres: la luz del techo encendida o la oscuridad total?
  9. La ropa. ¿Qué prefieres: que nos desnudemos del todo antes de empezar o que nos dejemos puesta toda la ropa posible hasta el final?
  10. El mensaje. ¿Qué prefieres: recibir a las once de la mañana, en la oficina, una foto mía sugerente o un mensaje que diga exactamente lo que pienso hacerte esta noche?
  11. Las proporciones. ¿Qué prefieres: media hora de preliminares y cinco minutos de penetración, o cinco minutos de preliminares y media hora de penetración?
  12. El volumen. ¿Qué prefieres: no poder hacer absolutamente ningún ruido o poder gritar en una casa vacía?
  13. El escenario. ¿Qué prefieres: la ducha o el sofá del salón cuando ya duerme toda la casa?
  14. Al aire libre. ¿Qué prefieres: el jacuzzi de una casa rural alquilada para el fin de semana o un rincón del monte en mitad de una ruta?

¿Qué prefieres? hot: lo que pasa en la cama

Entramos en el dormitorio y cerramos la puerta. Esta ronda es la que más cosas concretas enseña, porque cada respuesta se puede usar directamente la próxima vez. Apuntad mentalmente los números en los que habéis respondido lo mismo: esos son vuestros acuerdos.

  1. El sexo oral. ¿Qué prefieres: recibir diez minutos de sexo oral sin tener que devolver nada o darlo durante diez minutos sin que nadie te toque?
  2. Encima o debajo. ¿Qué prefieres: estar encima durante todo el mes que viene o estar debajo durante todo el mes que viene?
  3. El ritmo. ¿Qué prefieres: muy despacio durante una hora o muy fuerte durante diez minutos?
  4. Dos veces. ¿Qué prefieres: correrte dos veces esta noche o hacer que me corra yo dos veces?
  5. La voz. ¿Qué prefieres: que te vaya diciendo lo que hago a medida que lo hago o que no pronuncie ni una sola palabra?
  6. La demostración. ¿Qué prefieres: enseñarme cómo te masturbas cuando estás a solas o que te enseñe yo cómo lo hago?
  7. El juguete. ¿Qué prefieres: un vibrador que usamos contigo o un anillo vibrador que compartimos los dos?
  8. Calidad o cantidad. ¿Qué prefieres: hacer el amor menos a menudo pero que siempre sea excelente, o más a menudo aunque a veces sea regular?
  9. La primera noche. ¿Qué prefieres: repetir nuestra primera noche exactamente como fue o repetirla con todo lo que hoy sabemos el uno del otro?
  10. La intensidad. ¿Qué prefieres: un orgasmo muy intenso pero rápido o una hora de placer sin orgasmo al final?
  11. Sin penetración. ¿Qué prefieres: una noche entera en la que la penetración esté prohibida o una noche en la que pasemos directamente a la penetración?
  12. El sonido. ¿Qué prefieres: que gima más fuerte o que diga tu nombre?
  13. La zona. ¿Qué prefieres: que pase diez minutos en tu cuello y tu pecho, o diez minutos en la cara interna de tus muslos?
  14. El final. Cuando él se corre, ¿qué prefieres: en la boca o sobre la piel?

¿Qué prefieres? atrevido: poder, fantasías y tabúes

La ronda en la que se habla de lo que todavía no habéis hecho. Una respuesta aquí no es una promesa: es una puerta entreabierta, y sois vosotros dos quienes decidís más adelante si la empujáis. Si varias preguntas sobre quién manda os han hecho sonreír, la continuación está en nuestro artículo sobre los juegos de dominación y sumisión en pareja.

  1. Quién manda. ¿Qué prefieres: darme órdenes durante toda una noche u obedecer las mías?
  2. La atadura. ¿Qué prefieres: tener las muñecas atadas o los ojos vendados?
  3. Los azotes. ¿Qué prefieres: darlos o recibirlos?
  4. La manera. ¿Qué prefieres: que te dominen con dulzura, o con firmeza y sin negociación?
  5. La confesión. ¿Qué prefieres: contarme esta noche la fantasía que nunca me has confesado o escuchar la mía?
  6. El papel. ¿Qué prefieres: que hagamos de dos desconocidos que se conocen en el bar de un hotel o de dos ex que se reencuentran diez años después?
  7. La mirada. ¿Qué prefieres: que otra pareja nos mire mientras hacemos el amor o mirar a otra pareja mientras lo hace?
  8. La cena. ¿Qué prefieres: ir sin ropa interior a una cena en casa de unos amigos o llevar puesto en el restaurante un huevo vibrador cuyo mando tengo yo?
  9. El día del sí. ¿Qué prefieres: un día en el que tú tengas que decir que sí a todo lo que yo pida o un día en el que yo tenga que decir que sí a todo lo que pidas tú?
  10. Las palabras crudas. ¿Qué prefieres: que yo use las palabras más crudas mientras hacemos el amor o tener tú permiso para usarlas, sin cortarte?
  11. El sexo anal. ¿Qué prefieres: que probemos primero con un plug anal o que probemos directamente el sexo anal?
  12. El sitio prohibido. ¿Qué prefieres: que hagamos el amor en casa de tus padres durante la cena de Nochebuena o en la oficina una tarde, cuando ya se ha ido todo el mundo?
  13. La foto. ¿Qué prefieres: mandarme una foto tuya sin ropa a lo largo del día o recibir una mía en plena reunión?
  14. El vídeo. ¿Qué prefieres: que nos grabemos una vez o que veamos juntos una película porno que hayas elegido tú por tu cuenta?

¿Qué prefieres? extremo: los dilemas imposibles

Aquí las dos opciones cuestan algo, y ese es exactamente el principio. No se elige lo que uno quiere, se elige lo que uno está dispuesto a perder, y eso a veces dice más que todas las preguntas anteriores juntas. Es también la ronda en la que una respuesta puede sorprender, de ahí el apartado «Cuándo parar», un poco más abajo.

  1. El mes en blanco. ¿Qué prefieres: no hacer el amor ni una sola vez durante un mes o seguir como siempre pero sin derecho a correrte?
  2. La lectura en público. ¿Qué prefieres: que lea en voz alta la lista de todas tus fantasías o todos tus mensajes de la semana?
  3. El trío. ¿Qué prefieres: un trío con otra mujer o con otro hombre?
  4. La cifra. ¿Qué prefieres: saber con cuántas personas exactamente me acosté antes de ti o no saberlo nunca?
  5. La boca o los labios. ¿Qué prefieres: no volver a recibir sexo oral nunca más o no poder volver a besarme nunca más?
  6. La postura única. ¿Qué prefieres: una sola postura para el resto de nuestra vida o una postura nueva, impuesta, cada vez?
  7. Lo que falta. ¿Qué prefieres: saber lo que nunca me ha gustado del todo de lo que hacemos o saber lo que me gustaría y nunca hemos hecho?
  8. La duda. ¿Qué prefieres: saber si alguna vez he fingido contigo o quedarte con la duda para siempre?
  9. La grabación. ¿Qué prefieres: que nuestra última noche se haya grabado por error y la haya visto tu mejor amigo, o que la hayan oído entera los vecinos?
  10. El nombre. ¿Qué prefieres: que fantasee con alguien que conocemos sin decírtelo o que te diga de quién se trata?
  11. El contrato. ¿Qué prefieres: hacer el amor todos los días durante un mes sin excepción, aunque no puedas con tu alma, o solo cuatro veces en todo el mes, cuando tú quieras?
  12. La ternura. ¿Qué prefieres: un sexo perfecto sin una sola palabra tierna, o palabras tiernas y un sexo muy normalito?
  13. El programa. ¿Qué prefieres: elegir tú todo lo que hacemos esta noche, sin consultarme, o no elegir nada y aceptar todo lo que yo proponga?
  14. La última. ¿Qué prefieres: que dejemos la partida ahora mismo para pasar a la acción o responder a diez preguntas más con una prenda menos en cada respuesta?

Dos variantes para convertirlo en una partida de verdad

Las preguntas por sí solas dan para una conversación muy buena. Con algo en juego, dan para una noche.

  • El «¿qué prefieres?» adivinado: antes de que vuestra pareja responda, anunciáis en voz alta lo que va a elegir. Quien falla se quita una prenda. Esta variante convierte en apuesta lo que sabéis del otro, y reserva sorpresas a las parejas que más tiempo llevan juntas, porque en general se adivina a la persona que el otro era hace diez años. Si lo que os divierte es este juego de adivinar, tiene su versión completa, con recuento de puntos, en nuestro test de pareja para saber cuánto os conocéis de verdad.
  • El «¿qué prefieres?» cumplido: cuando la opción elegida se puede hacer en el momento, en la habitación en la que estáis, se hace. No es el caso de todas, pero los números 29, 33, 34, 40, 41 y 45 no piden nada más que vosotros dos y diez minutos.

En los dos casos, quien se pase de los cinco segundos o se niegue a responder se lleva un castigo. Elegid cinco o seis antes de empezar, por ejemplo en la lista de castigos picantes para parejas, para no tener que inventaros uno bajo presión.

Cuándo parar

Una partida de «¿qué prefieres?» no tiene un final natural, y ese es su único defecto de verdad. Tres señales valen más que un número de preguntas.

Cuando habéis respondido lo mismo a una opción que se puede hacer esta noche: parad el juego y hacedla. Seguir con la lista en ese momento es preferir la pregunta a la respuesta.

Cuando una respuesta deja un silencio: es sobre todo el riesgo de la ronda extrema, que toca el pasado, a los demás, lo que falta. Cerrad la ronda, no la noche, y guardad el tema para otro día, en frío. Una respuesta inesperada no es un problema que haya que resolver a las once de la noche de un sábado.

Cuando las respuestas se vuelven automáticas: al cabo de veinte o veinticinco preguntas se responde para avanzar y ya no para elegir. Es el momento de pasar a una variante, o a otra cosa.

Vuestras preguntas sobre el «¿qué prefieres?» en pareja

¿Qué diferencia hay con las preguntas de sí o no?

El sí o no os dice si a vuestra pareja le apetece algo. El «¿qué prefieres?» os dice qué elegiría entre dos cosas que quizá le apetecen las dos, lo cual es más fino y a menudo más útil en una pareja que ya ha probado mucho. Los dos formatos se complementan muy bien: empezad por nuestras preguntas picantes para parejas, de sí o no, para saber qué entra en lo posible, y desempatad después con el «¿qué prefieres?». Y para hablar de lo que cada uno ya ha hecho, más que de lo que elegiría, el terreno es el del yo nunca en pareja.

¿Y si no me gusta ninguna de las dos opciones?

Entonces se elige la menos mala, y en eso consiste todo el juego. El «ninguna de las dos» es la respuesta más fácil, y por tanto la que menos enseña. Si una opción os resulta de verdad imposible, decidlo en una frase después de haber elegido: «la 44: los ojos vendados, vale; las muñecas atadas, jamás». Es una información valiosa, y llega sin haber necesitado una gran conversación.

¿Y si mi pareja responde algo que no me esperaba?

Usad vuestro único «¿por qué?», escuchad la respuesta y pasad a la pregunta siguiente. Una preferencia dicha en voz alta en un juego no es ni un reproche ni una petición para esta noche. Si al día siguiente seguís dándole vueltas, volved a hablarlo ese día, fuera de la partida.

¿Cuántas preguntas para una noche?

Contad ronda y media, es decir, unas veinte preguntas y media hora más o menos. Da para llegar a la ronda hot sin agotar la lista, y os guardáis las dos últimas rondas para otra vez, lo que da un motivo para volver a jugar.

¿Cómo proponer el juego sin que resulte raro?

El «¿qué prefieres?» tiene una ventaja enorme: todo el mundo conoce ya el principio, y la primera ronda parece un juego de sobremesa. Podéis soltar la pregunta 1 en la mesa sin anunciar nada, y ver si el otro sigue el juego. Para los casos más delicados, está todo detallado en cómo proponer un juego picante a tu pareja.

¿Y si no nos atrevemos a leer en voz alta las preguntas más atrevidas?

Es muy frecuente, y lo que da apuro no es la pregunta, es haberla elegido. Dejad que el sorteo de esta página elija por vosotros, y pasaos el móvil: quien lee ya no es el autor de la pregunta, la descubre al mismo tiempo que el otro. Sobre ese mismo principio se apoyan, por cierto, los juegos de Oopsia, que se juegan entre dos en una sola pantalla y sacan las cartas por vosotros.