Juegos sensuales para parejas: 12 juegos para hacer en casa, explicados paso a paso
Doce juegos sensuales para parejas, sin marcador ni perdedor: masaje en tres rondas, linterna, beso de chocolate… Con material, duración y paso a paso.

Las once y media de la noche, la casa por fin en silencio y el despertador puesto a las siete. Hacéis el amor a oscuras, en un cuarto de hora, en un orden que os sabéis los dos de memoria y con un oído puesto en el pasillo. Funciona, y ese es justo el problema: funciona tan bien que ya nada os pilla por sorpresa.
Un juego sensual sirve precisamente para romper ese orden, sin pedir nada espectacular. Pero alguien tiene que explicaros cómo se juega. «Vendaos los ojos», «daos un masaje», «tomaos vuestro tiempo»: casi todas las listas se quedan ahí, y un consejo que cabe en tres palabras no sobrevive a un martes por la noche. Lo que falta es el paso a paso: quién empieza, qué está permitido, qué no lo está y en qué momento se acaba.
Aquí tenéis doce juegos sensuales para parejas, ordenados por sentidos: el tacto, la mirada, la voz, el gusto y el olfato, y por último la lentitud. Ninguno tiene marcador ni perdedor. Cada uno viene con su material, su duración y su paso a paso completo, y casi todos se juegan con lo que ya tenéis en casa. Al final encontraréis una tabla para elegir según la noche que se os presente, y las respuestas a las preguntas que uno se hace antes de ponerse a ello.
¿Qué es un juego sensual? Una restricción, dos papeles y una duración
Un juego sensual no es un juego que se gana. Es una regla sencilla que os obliga a hacer las cosas de otra manera, durante un tiempo determinado. Se sostiene sobre tres cosas, y las vais a encontrar en los doce juegos de esta página.
- Una restricción: las manos prohibidas, siete palabras permitidas y ni una más, la luz apagada salvo sobre un círculo de piel. Es ella la que hace el trabajo. Quitadla, y lo que queda es una caricia como cualquier otra, dada como la dais desde hace diez años.
- Dos papeles: uno da, el otro recibe, y después os cambiáis. Quien recibe no tiene que devolver nada durante su turno, y eso suele ser lo que más cuesta aceptar, porque os habéis acostumbrado a hacerlo todo a la vez.
- Una duración: un temporizador, una canción, lo que tarda en fundirse una onza de chocolate. Saber cuándo se acaba es lo que permite dejarse hacer sin preguntarse cuánto tiempo hay que aguantar todavía.
Es lo que los separa de los juegos con marcador, en los que unos dados deciden la consigna y quien pierde se quita una prenda. Esos hacen reír y van deprisa, y tienen su propia página, con quince juegos sexuales para parejas y sus reglas completas. Aquí se va despacio.
Antes de empezar: tres ajustes que llevan dos minutos
Nada solemne. Son tres cosas que conviene dejar resueltas antes del primer juego, porque se resuelven muy mal una vez que ha empezado.
- El móvil: hace de temporizador, de linterna y de altavoz en varios de estos juegos. Ponedlo en modo avión antes de empezar, o será el grupo de WhatsApp de los padres del cole el que marque el ritmo.
- Quién da primero: quien haya propuesto el juego. Empezar dando convierte la propuesta en un regalo, mientras que empezar recibiendo la convierte en una petición.
- La palabra que lo para todo: varios juegos le prohíben a quien recibe moverse, tocar o hablar. Elegid juntos una palabra de seguridad que no pinte nada en un dormitorio, «radiador» o «piña», y que ponga fin al juego en cuanto se pronuncie, sin explicaciones.
El tacto: tres juegos sensuales para reencontrarse con la piel del otro
Al cabo de unos años, las manos van directas a lo que funciona y ya no pasan por ningún otro sitio. Estos tres juegos las obligan a dar toda la vuelta.
1. El masaje en tres rondas: por detrás, por delante y, al final, el sexo
Material: un aceite de masaje o, a falta de él, el aceite de almendras o de coco que tengáis en el baño, una toalla grande extendida sobre la cama y el temporizador del móvil. Duración: media hora.
El masaje es el juego erótico que todo el mundo cita y que nadie explica. Aquí va una versión en tres rondas, en la que es el temporizador quien decide cuándo se pasa de una a otra, nunca las ganas de quien masajea.
- Primera ronda, diez minutos. Quien recibe está tumbado boca abajo. Tú masajeas toda la parte de atrás del cuerpo, de la nuca a los talones, con toda la mano, nalgas incluidas, sin pasar nunca entre los muslos.
- Segunda ronda, diez minutos. Se da la vuelta. Masajeas la parte de delante: los hombros, los pechos o el torso, el vientre, y después la cara interna de los muslos, subiendo tan arriba como quieras. El sexo se rodea, tan de cerca como te atrevas.
- Tercera ronda, sin temporizador. Masajeas el sexo, con la mano, con tanto aceite y a la misma velocidad que todo lo demás. Esta ronda dura hasta que quien recibe se corra, o hasta que pida otra cosa.
Dos reglas convierten este masaje en un juego. Quien recibe no devuelve nada: ni caricias ni besos, y sus brazos se quedan pegados al cuerpo durante las tres rondas. Y no hay revancha esa misma noche. Un masaje que hay que devolver acto seguido deja de ser un regalo para convertirse en una deuda, y quien recibe se pasa la media hora contando lo que debe. La revancha se juega otra noche de la semana.
Un detalle práctico para terminar: el aceite deteriora los preservativos de látex. Si los usáis, cambiadlo por un lubricante a base de agua en la tercera ronda.
2. Las palabras escritas en la piel: pedir sin decir nada
Material: nada, o una brocha de maquillaje si tenéis una. Duración: un cuarto de hora.
Habéis jugado a esto de pequeños, en la espalda de un compañero de clase. La versión adulta conserva la idea y cambia las palabras. Quien recibe se tumba boca abajo, con el torso desnudo y los ojos cerrados. El otro escribe en su espalda, con la punta del índice, en mayúsculas y letra a letra, dos palabras: un gesto y, después, un sitio. «BESAR», y luego «NUCA». «MORDER», y luego «HOMBRO». «LAMER», y luego «PECHOS».
Si las dos palabras se leen en voz alta sin fallos, quien las ha escrito se lo hace al otro durante un minuto. Si hay un fallo, no se castiga: se vuelven a escribir las mismas palabras un poco más abajo. De lo alto de la espalda se baja a los riñones, de los riñones a las nalgas y de las nalgas a la parte de atrás de los muslos. Tres mensajes cada uno y se cambian los papeles, y entenderéis enseguida que a veces interesa leer mal.
Este juego tiene dos efectos que no veréis venir. El primero: la espalda lee mal. Para descifrar una letra hay que poner en ella toda la atención, y diez minutos sin pensar en otra cosa que en la punta de un dedo bastan para sacaros del día que lleváis encima. El segundo: escribir un deseo es mucho más fácil que pronunciarlo. Al tercer mensaje, uno suele trazar lo que jamás habría dicho.
3. La ducha de sentido único: uno lava, el otro no hace nada
Material: la ducha, gel de ducha y dos toallas. Duración: de diez a quince minutos.
Es el juego de las noches entre semana, por una razón muy sencilla: el baño suele ser la única habitación de la casa con pestillo, y el ruido del agua tapa todo lo demás.
Os metéis juntos en la ducha. Uno lava, el otro apoya las palmas de las manos en los azulejos y ya no tiene derecho a hacer nada: ni ayudar, ni girarse por su cuenta, ni tocar. Quien lava sigue un orden y no se salta nada: los hombros y la espalda, los brazos, el pecho y el vientre, las piernas subiendo desde los tobillos, y el sexo al final, con la mano. Antes de llegar ahí se aclara las manos, porque el gel escuece. El juego no se acaba cuando se cierra el grifo: quien ha lavado seca al otro con la toalla, tan despacio como lo ha enjabonado.
Se cambian los papeles en el momento si el termo aguanta, o al día siguiente. Este juego no os quita ningún tiempo que no tengáis: esa ducha os la ibais a dar de todas formas, cada uno por su lado.
La mirada: dos juegos para quienes siempre apagan la luz
Muchas parejas llevan años sin mirarse desnudas a plena luz, salvo de pasada entre la ducha y el armario. Estos dos juegos devuelven la mirada al centro, el primero a oscuras y el segundo con la lámpara encendida.
4. La linterna: adonde va la luz, va la boca
Material: la linterna del móvil y un dormitorio completamente a oscuras, con las persianas bajadas. Duración: cinco minutos cada uno, dos veces.
Empezáis en ropa interior, a oscuras, y ya nadie habla: la luz es la única consigna del juego.
- Primera pasada: quien sujeta la linterna ilumina el cuerpo del otro. Todo lo que queda iluminado tiene que destaparse, y quedarse en la luz mientras la luz siga ahí. A los cinco minutos, el móvil cambia de mano.
- Segunda pasada: quien sujeta la linterna la vuelve hacia su propio cuerpo. Adonde va la luz, va la boca del otro, y ahí se queda mientras el haz no se mueva. Cuando el haz se desplaza, la boca se desplaza con él.
Una sola prohibición: la cara, porque la linterna de un móvil deslumbra y el juego se corta en seco. Si os parece demasiado cruda sobre la piel, un pañuelo de papel doblado por la mitad y sujeto con una goma basta para suavizarla.
Este juego les va bien a quienes se sienten intimidados con la luz encendida. A oscuras nunca se ve más que un círculo de piel del tamaño de un plato, y es quien sujeta la linterna quien elige cuál. En la segunda pasada pide exactamente lo que quiere sin pronunciar una palabra, lo que suele ser más fácil que decirlo.
5. Sentados sobre las manos: mirar al otro sin tocarlo
Material: una silla a los pies de la cama, la lámpara de la mesilla encendida, dos canciones y el temporizador del móvil. Duración: veinte minutos.
Quien mira se sienta sobre sus manos, literalmente, con las palmas metidas debajo de los muslos, y ya no las saca de ahí. La regla parece un detalle y, sin embargo, es todo el juego: una prohibición que se nota en las muñecas es bastante más eficaz que una prohibición que uno se limita a respetar.
La primera ronda dura una canción. El otro se desnuda delante de la silla, lo bastante cerca como para que pudieran tocarlo si esas manos estuvieran libres. Después os cambiáis el sitio, para una segunda canción. La segunda ronda dura cinco minutos, contados con el temporizador: el otro se tumba en la cama, de cara a la silla, y se masturba como lo hace a solas, con los mismos gestos y al mismo ritmo, sin intentar convertirlo en un espectáculo. Quien mira puede mirar adonde quiera, y se calla. Volvéis a cambiaros el sitio, y cuando el temporizador suena por segunda vez las manos quedan libres.
Quien ha propuesto el juego pasa primero en cada ronda, porque no se le pide al otro lo que uno no ha hecho antes. Ganaréis algo más que tensión. Mirar a alguien masturbarse es aprender el punto exacto, la presión y la velocidad que le van bien, con una precisión que ninguna explicación alcanza. Es una información que no siempre se tiene, ni siquiera después de quince años.
La voz: dos juegos que se juegan en voz baja
Se hace el amor en silencio cuando los niños duermen al otro lado del tabique, y el silencio acaba convirtiéndose en costumbre. Estos dos juegos se juegan susurrando, lo que resuelve el asunto del tabique.
6. Las siete palabras: guiar al otro sin hacer una frase
Material: nada. Duración: diez minutos cada uno.
Quien recibe se tumba y cierra los ojos. El otro empieza por donde quiera, con la mano o con la boca. A partir de ahí, quien recibe solo tiene derecho a pronunciar siete palabras, y ninguna más: «arriba», «abajo», «fuerte», «suave», «rápido», «despacio» y «ahí».
Las seis primeras corrigen. Quien da obedece enseguida, un punto nada más, y espera la palabra siguiente. La séptima quiere decir «no cambies nada», y vale hasta nueva orden. Quien da, por su parte, no tiene derecho a ninguna palabra: ningún comentario, y sobre todo nada de «¿te gusta?», la pregunta que obliga al otro a salir de lo que siente para tranquilizar a quien la hace. A los diez minutos, se cambian los papeles.
Decir «me gustaría que fueras un poco más despacio», después de diez años, suena a reproche por los diez años. «Despacio» no suena a nada: es una palabra suelta, apenas un suspiro, y forma parte del juego. Toda la diferencia está ahí, y nada os impide quedaros con esas siete palabras después, las noches en que no jugáis a nada.
Si de paso descubrís que os gusta mandar, lo que viene después tiene su propio manual en nuestro artículo sobre los juegos de dominación y sumisión en pareja.
7. El recuerdo susurrado: contar una vez que no habéis olvidado
Material: nada, salvo un dormitorio a oscuras. Duración: un cuarto de hora.
Tenéis sobre las parejas que acaban de empezar una ventaja que no aprovecháis nunca: años de recuerdos en común que jamás habéis comparado. Tumbados a oscuras, con la boca pegada al oído del otro, contáis por turnos una vez en que hicisteis el amor y de la que os acordáis. Cada relato dura dos o tres minutos y tiene que incluir tres cosas: el sitio, un detalle que el otro quizá haya olvidado y el instante preciso que se os quedó grabado.
Quien escucha tiene las manos libres. No tiene derecho a interrumpir, y menos todavía a corregir: «no, eso fue en Cádiz» acaba con el juego más deprisa que una puerta que se abre. Quien cuenta tiene que llegar hasta el final de su recuerdo, hagan lo que hagan las manos del otro.
Si el primer recuerdo no llega, partid de una de estas frases:
- «La vez que casi nos pillan».
- «La primera vez en tu casa».
- «La vez que empezaste tú».
- «Una vez de vacaciones, lejos de casa».
- «La vez de la que no sabes que me acuerdo».
En la tercera ronda, la regla cambia: cada uno cuenta, de la misma manera y con los mismos tres detalles, una vez que todavía no ha ocurrido. Formulado como un recuerdo, un deseo se dice con mucha más facilidad que en forma de petición.
El gusto y el olfato: tres juegos que pasan por la boca y la nariz
Son los dos sentidos que se olvidan en la cama, y los más fáciles de despertar con lo que hay en la cocina y en la balda del baño.
8. El beso de chocolate: besarse lo que tarda en fundirse una onza
Material: una tableta de chocolate negro. Duración: tres onzas, es decir, de diez a quince minutos.
¿Cuándo fue la última vez que os besasteis más de diez segundos seguidos? Este juego devuelve el beso a su sitio, con un temporizador con el que no se puede hacer trampa. Uno de los dos se pone una onza de chocolate en la lengua, y os besáis. La onza pasa de una boca a la otra, nadie muerde, y el beso no se acaba hasta que no queda nada. Contad unos minutos por onza, y alguno más si la tableta es gruesa.
Cada onza desplaza el límite de las manos. Durante la primera, se quedan por encima de los hombros: la cara, la nuca, el pelo. Durante la segunda, bajan hasta la cintura, y se meten por debajo de la ropa si quieren. Durante la tercera, van adonde quieren. Si no os gusta el chocolate negro, un cubito de hielo hace el mismo trabajo, más frío y más corto.
9. La gota de perfume: encontrarla con los ojos cerrados
Material: vuestro perfume de siempre, y un pañuelo si preferís vendar los ojos. Duración: cinco minutos cada uno.
Mientras tu pareja espera en el pasillo, te pones una gota de perfume en algún punto del cuerpo, y sobre todo no donde te lo echas por las mañanas. La parte de atrás de la rodilla, la cadera, la parte baja de la espalda, la base de un pecho y la cara interna del brazo son muy buenos escondites. Evita el sexo y la piel recién afeitada: el perfume lleva alcohol, y escuece. Después te tumbas, sin ropa o en ropa interior.
El otro vuelve, cierra los ojos, cruza las manos a la espalda y busca. Solo puede usar la nariz y los labios, y tiene que pasar por todas partes, puesto que no sabe dónde buscar. Lo ayudas como se ayuda a un niño que busca algo escondido: «frío, frío», «caliente, caliente», «¡que te quemas!». Cuando lo encuentra, se queda en ese punto un minuto entero, con la boca, antes de que se cambien los papeles.
La variante de la segunda ronda: dos gotas en lugar de una. La primera se encuentra enseguida. La segunda está escondida allí donde te apetece que termine la búsqueda, en la cara interna del muslo o en el pliegue de la ingle. Nadie ha pedido nada, y todo el mundo lo ha entendido.
10. El calor y el frío: una taza de té, un bol de cubitos
Material: una taza de té o de infusión, un bol de cubitos de hielo y una toalla. Duración: diez minutos cada uno.
El té tiene que estar caliente sin quemar: si se aguanta un sorbo en la boca sin hacer una mueca, la temperatura es la buena. Quien recibe se tumba sobre la toalla y cierra los ojos. Quien da va alternando. Mantiene un sorbo de té en la boca unos segundos, se lo traga y posa la boca caliente sobre la piel. Después sujeta un cubito entre los labios el mismo tiempo, lo devuelve al bol y vuelve con la boca fría, al mismo sitio o a otro.
Se empieza por el cuello, se baja por los pechos y el vientre hasta la cara interna de los muslos, y se termina en el sexo. Una felación o un cunnilingus en los que la boca cambia de temperatura cada treinta segundos no se parecen a nada de lo que hacéis normalmente. Quien recibe nunca sabe lo que viene. Tiene derecho, en sus diez minutos, a tres peticiones nada más, «caliente» o «frío», y aprende enseguida a no malgastarlas.
La lentitud: dos juegos en los que manda el tiempo
Todo lo anterior ya frena las cosas. Estos dos últimos juegos no hacen otra cosa: os quitan el derecho a ir a vuestra velocidad.
11. Una canción, una prenda: seis canciones para desnudarse
Material: una lista de reproducción de seis canciones lentas, de tres a cuatro minutos cada una, y cinco prendas puestas cada uno. Duración: algo más de veinte minutos.
Preparad la lista antes, y a ser posible con canciones que escuchabais el año en que os conocisteis. Contad las prendas para que salgan las cuentas: cinco cada uno, aunque haya que añadir una chaqueta o quitarse los calcetines de antemano. Poned la música, dejad el móvil fuera de vuestro alcance y no lo toquéis más, porque aquí nadie se salta una canción.
- La primera canción se baila, vestidos y agarrados, como las lentas de cuando teníais quince años: las manos en los hombros y en la cintura, y en ningún otro sitio.
- De la segunda a la sexta, cada uno le quita una prenda al otro con las primeras notas, una sola, la que quiera. Hasta que termine la canción, las manos y la boca solo pueden ir a la piel que acaba de quedar al descubierto.
- Cuando se acaba la sexta, estáis los dos desnudos y el juego ha terminado. Lo que viene después no figura en la lista.
Cuatro minutos dedicados a un hombro, y después cuatro a un vientre: seguramente no lo hacíais desde vuestros primeros meses juntos. La música tiene una ventaja sobre el temporizador: con una canción no se negocia, y siempre se sabe más o menos por dónde va.
12. Una respiración, un movimiento: hacer el amor a cámara lenta
Material: el temporizador del móvil, puesto en diez minutos. Duración: diez minutos, y después todo lo que queráis.
Este juego empieza donde los demás terminan. Elegid una postura en la que estéis cara a cara, el misionero, ella encima o sentados uno sobre el otro, y poned en marcha el temporizador en el momento de la penetración. La regla cabe en una línea: un solo vaivén por respiración, ni uno más.
Durante los cinco primeros minutos, es la respiración de ella la que marca el ritmo, y él quien la sigue. Durante los cinco siguientes, al revés. En cuanto uno de los dos acelera, el otro le pone la palma de la mano en el pecho: os paráis los dos, del todo, lo que duran tres respiraciones, sin separaros, y después seguís. Cuando suena el temporizador, la regla se acaba y hacéis lo que queráis.
Normalmente se alcanza en dos minutos el ritmo con el que se va a terminar. Aquí pasáis diez minutos a una velocidad a la que da tiempo a sentirlo todo y a miraros. Las paradas de tres respiraciones son, con diferencia, el mejor momento del juego, y os sorprenderéis acelerando a propósito para provocar una.
¿Qué juego sensual elegir según la noche que tengáis?
El juego adecuado depende del tiempo que tengáis, de cómo lleguéis a la noche y de la costumbre que queráis desalojar. Aquí tenéis por dónde empezar.
| Vuestra noche | El juego | Por qué ese |
|---|---|---|
| Un martes, veinte minutos, los niños en la habitación de al lado | La ducha de sentido único (n.º 3) | La puerta tiene pestillo y el agua tapa el ruido |
| Ya solo os besáis para daros los buenos días | El beso de chocolate (n.º 8) | Tres onzas, tres besos de verdad y nada más que decidir |
| Siempre apagáis la luz | La linterna (n.º 4) | Solo se enseña un círculo de piel cada vez |
| Uno de los dos nunca ha sabido decir lo que le gusta | Las siete palabras (n.º 6) o las palabras escritas en la piel (n.º 2) | Una palabra suelta, o dos trazadas con el dedo, nunca una frase |
| Uno de los dos está demasiado cansado para hacer nada | El masaje en tres rondas (n.º 1) | Quien recibe no tiene nada que hacer, ni nada que devolver |
| Tenéis la sensación de que ya no os miráis | Sentados sobre las manos (n.º 5) | Veinte minutos en los que mirar es lo único permitido |
| Ganas de recuperar lo que erais al principio | El recuerdo susurrado (n.º 7) | Vuestras mejores noches, contadas por el otro |
| Los niños con los abuelos y toda la noche por delante | Una canción, una prenda (n.º 11) y, después, una respiración, un movimiento (n.º 12) | Veinte minutos para desnudarse, diez para no ir demasiado deprisa |
Esta tabla resuelve la cuestión del juego, no la del árbitro. En los doce, uno de los dos tiene que volver a poner el temporizador, acordarse de la ronda siguiente y anunciar que se ha acabado, y quien lleva ese papel nunca está del todo dentro del juego. Ese es el trabajo que hacen por vosotros los juegos para parejas que se juegan entre los dos con un solo móvil: la carta da la consigna, el cronómetro corre en la pantalla cuando la carta va cronometrada, y el móvil pasa de mano en mano.
Vuestras preguntas sobre los juegos sensuales para parejas
¿Qué diferencia hay entre un juego sensual y un juego sexual?
La frontera es fina, y las dos expresiones se usan a menudo la una por la otra, igual que «juego erótico», que vale para todo. Nosotros hacemos la distinción así: un juego sexual tiene reglas y algo en juego, es decir, dados, cartas, un perdedor que se quita una prenda o cumple un castigo. Un juego sensual no tiene ni marcador ni perdedor. Se apoya en una restricción que frena las cosas y devuelve la atención a un solo sentido cada vez. Los dos se complementan muy bien en una misma noche: un juego con marcador para reírse y desnudarse, y un juego sensual para lo que venga después.
¿Qué juegos sensuales se pueden hacer sin accesorios?
Las palabras escritas en la piel, las siete palabras, el recuerdo susurrado y «una respiración, un movimiento» no piden nada de nada, aparte de un móvil para el temporizador. La linterna y «una canción, una prenda» se apañan con ese mismo móvil. Para los demás, todo está en una casa cualquiera: un aceite, una tableta de chocolate, un frasco de perfume, cubitos de hielo y una taza de té. Podéis jugar a los doce sin pedir nada por internet.
¿Por qué juego sensual empezar cuando da vergüenza?
Por un juego que se juegue a oscuras o con los ojos cerrados, y en el que al principio se siga con ropa: el beso de chocolate, el recuerdo susurrado o la linterna. La vergüenza viene casi siempre de la mirada del otro y del miedo a hacer el ridículo, y esos tres quitan la mirada o la reducen a un círculo de luz. Guardad «sentados sobre las manos» y «una respiración, un movimiento» para la tercera o la cuarta noche. Y si incluso ese primer paso os parece demasiado grande, empezad por hablar: una tanda de preguntas picantes para parejas que se responden con sí o no no obliga a tocar a nadie.
¿Cómo proponerle un juego sensual a tu pareja?
Proponiendo un juego concreto, para una noche concreta, y reservándote el papel de quien da: «el sábado te doy un masaje en tres rondas, tú no tienes que hacer nada» es difícil de rechazar. Evita proponerlo en la cama, donde un no se convierte en un rechazo, y evita el «deberíamos probar cosas nuevas», que no propone nada. Las palabras, el momento y qué contestar si la respuesta es no están explicados con detalle en nuestro artículo sobre cómo proponer un juego picante a tu pareja.
¿Qué hacer si a uno de los dos le da la risa?
Reírse, y después seguir exactamente por donde ibais. El ataque de risa suele llegar en la primera partida, por lo general en el momento en que uno de los dos se sienta sobre las manos o busca una gota de perfume con la punta de la nariz, y no dice nada malo de la noche. Lo que rompe un juego no es la risa, es pasarse cinco minutos pidiendo perdón por ella. Las restricciones también sirven para eso: os dicen qué hacer en el segundo en que ya no lo sabéis.
¿Se pueden encadenar varios juegos en la misma noche?
Sí, siempre que vayáis del más vestido al menos vestido: el beso de chocolate, luego «una canción, una prenda» y luego «una respiración, un movimiento» dan una noche completa en tres cuartos de hora. No encadenéis más, porque a partir de tres se pasa más tiempo recordando las reglas que jugando. Si lo que buscáis es más bien una consigna suelta para colar entre dos juegos, encontraréis cuarenta en nuestros retos picantes para parejas. Y para que la noche empiece mucho antes del dormitorio, ya en la cena o delante de la serie, tenéis nuestros juegos en pareja para toda la noche, de la cena a la cama. Y si queréis que los juegos se encadenen en un orden que haga subir el deseo sin saltarse pasos, nuestras ideas de preliminares en cinco niveles os dan el recorrido completo.