91 castigos picantes y sexuales para parejas
91 castigos picantes para quien pierda la partida: dominación, retos en público, juegos de rol y prácticas sexuales. Con un sorteo para sacarlos al azar.

Los niños por fin duermen, habéis sacado la baraja y la partida va bien. Uno de los dos pierde la ronda y llega el silencio: ¿y ahora qué castigo le pongo? Como nadie lo había pensado antes, sale un beso o una prenda menos, y la noche se desinfla tan deprisa como había subido.
Es una lástima, porque el castigo es seguramente el mejor acelerador que existe para una pareja que se aburre un poco. Bien elegido, convierte una partida de cartas de lo más normal en una noche de la que seguiréis hablando la semana siguiente. Pero hay que tener material a mano en el momento justo.
Aquí tenéis 91 castigos picantes para parejas, ordenados en cuatro familias: la dominación y la sumisión, los retos de atrevimiento para cumplir en público o en pleno día, los castigos de puesta en escena y juegos de rol, y por último las prácticas sexuales, juguetes incluidos. Encontraréis también cómo elegirlos, quién debe cumplirlos y cuáles os van a tener ocupados mucho más allá de esa noche.
Las 91 cartas del artículo, sacadas al azar. Elegid una familia y guardad de paso las que os gusten para haceros una baraja. No se guarda ni se envía nada.
Pulsad el botón para sacar una carta.
Quedan 91 cartas.
Preparad vuestra baraja de castigos antes de jugar
Es el paso que todo el mundo se salta, y sin embargo es el que decide la noche. Improvisar un castigo en el segundo en que el otro acaba de perder no funciona nunca: tenéis tres segundos para dar con algo, os están mirando, y bajo presión el cerebro solo produce cosas tibias.
Lo más sencillo es repasar la lista los dos juntos, con calma, una noche en la que no tengáis nada previsto. Quedaos con ocho o diez que os apetezcan a los dos, apuntad los números en el móvil y sacadlos cuando llegue el momento. También podéis dejar esta página abierta y usar el sorteo de arriba, que elige por vosotros dentro de la familia que queráis.
Y si la sola idea de hacer esa selección ya os da pereza, sabed que ese es exactamente el trabajo que hace un juego ya preparado: los juegos de Oopsia sacan la carta, y a vosotros solo os queda cumplirla.
Castigo para quien pierde o premio para quien gana: ¿quién elige?
El castigo se presenta casi siempre como lo que su nombre indica: una pena que le cae al perdedor. Es la versión clásica y funciona muy bien, pero os priva de una variante que a menudo excita más: aquella en la que elige el ganador.
En esta segunda versión, quien gana la ronda no cumple nada. Busca en la lista y señala el castigo que el otro tendrá que cumplir. El perdedor hace exactamente lo mismo en los dos casos, pero el efecto sobre la partida no tiene nada que ver: cuando jugáis una ronda sabiendo que tendréis el poder de elegir, la jugáis bastante más en serio.
Decidid vuestra versión antes de la primera ronda. Si no, lo discutiréis justo cuando uno de los dos acabe de perder, que es evidentemente el peor momento para abrir ese debate.
Palabra de seguridad y derecho a pasar: lo que se fija antes de la primera carta
Un juego de castigos solo se sostiene sobre la confianza, y bastan dos minutos de conversación para asentarla.
La palabra de seguridad: elegid juntos una palabra que no pinte nada en un dormitorio, como «piña», «radiador» o «paraguas», y que lo pare todo de inmediato en cuanto uno de los dos la pronuncie. Nunca «no» ni «para», que forman parte del juego y se confunden con él.
El derecho a pasar: cada uno puede rechazar un castigo sin tener que justificarse, y sin que le caiga otro a cambio. Un juego que penaliza la negativa ya no es un juego, es una presión con reglas.
Veréis que varios castigos de la lista dejan por escrito que está prohibido negarse. Es la regla del castigo, no la de la noche: vuestra palabra de seguridad está por encima de todo, incluidos esos castigos. Si queréis profundizar en esa cuestión del marco, está todo explicado en nuestro artículo sobre cómo proponer un juego picante a tu pareja.
Castigos de dominación, sumisión y obediencia
La categoría en la que uno toma el poder absoluto y el otro obedece sin discutir. Es la que hace subir la tensión más deprisa, y la mayoría de estos castigos no necesita ningún accesorio. Si esta es la familia que os atrae, tiene su propio modo de empleo en nuestro artículo sobre los juegos de dominación y sumisión en pareja, con el marco que hay que pactar y treinta escenas ordenadas por intensidad.
- Veinticuatro horas. Durante las próximas veinticuatro horas, haces todo lo que tu pareja te pida. El «no» ha dejado de existir.
- Mandas tú. La próxima noche es tuya: las órdenes las das tú. Vístete para la ocasión y prepara el programa.
- Cede tu sexo. Tu sexo pertenece a tu pareja hasta que acabe la noche. No puedes negarle nada.
- Cede tus manos. Tus manos pasan a estar bajo el control de tu pareja, que decide por su cuenta qué uso les da. Tú no tienes ni voz ni voto.
- Cede tu boca. Durante toda la noche, tu pareja dispone de tu boca y hace con ella lo que quiera.
- Cede tus nalgas. Tus nalgas quedan bajo el control de tu pareja toda la noche. Hace con ellas exactamente lo que le apetezca.
- Te viste tu pareja. Es tu pareja quien decide qué ropa y qué ropa interior llevas esa noche, incluido un cambio completo de imagen. No tienes derecho a veto.
- Al extremo de la correa. Durante toda la próxima noche vas al extremo de una correa que sujeta tu pareja. A falta de correa, sirve cualquier cosa que haga sus veces.
- De pie, sin moverte. Te quedas de pie de principio a fin, mientras tu pareja hace que te corras con la boca.
- Servicio de baño. Esta noche estás al servicio de tu pareja: os vais a la ducha, donde le lavas el cuerpo entero. Tu pareja no tiene que hacer nada.
- La vela caliente. Tu pareja te ata y deja caer cera caliente sobre tu cuerpo, gota a gota. Solo con velas de masaje, las que se funden a baja temperatura.
- Manos atadas. Llevas las muñecas atadas a la espalda toda la noche. Todo lo que hagas, o lo que te hagan, será sin manos.
- No te muevas. Tu pareja te coloca en una postura y de ahí no sales, sin decir una palabra: de rodillas, a cuatro patas, o con la cara en el suelo y la espalda arqueada. Se sirve de ti ahí donde estás.
- Atadura, venda y mordaza. Muñecas atadas, ojos vendados, boca amordazada: no te queda ninguna forma de actuar, y tu pareja hace contigo lo que quiere.
- Bajo llave. Inmoviliza o cierra bajo llave el sexo de tu pareja, por el medio que prefieras, e inventa una manera de jugar con esa limitación.
- Una entrada cerrada. Tapa uno de tus orificios, o tu sexo, con un juguete erótico que dejas puesto. Tu pareja tendrá que conformarse con lo que quede.
- Portajuguetes. De rodillas, con las muñecas atadas a la espalda, sujetas un juguete erótico entre los labios. Tu pareja lo usa.
- Dos horas al borde. Ata a tu pareja de forma que no pueda escaparse. Durante dos horas, llévala hasta el borde del orgasmo, para en seco justo antes, deja que baje la excitación y vuelve a empezar. No se corre.
- Nada sin una orden. Esta noche, tu pareja no hace nada por iniciativa propia. Espera a que le digas qué hacer, palabra por palabra: lame, toca, para.
- Azotes anunciados. Tu conducta deja mucho que desear. Tu pareja te corregirá a azotes, con la mano, a lo largo de la noche.
- Una semana en la jaula. Él pasa la semana con una jaula de castidad. Ella tiene que llevarlo al límite cada día, y no abrirle nunca.
- Se da la vuelta la tortilla. Golpe de suerte: el castigo cambia de manos. Es tu pareja quien saca uno nuevo, y quien lo cumple.
Castigos de atrevimiento, exhibicionismo y juegos en público
Subid la temperatura fuera del dormitorio, a través de una pantalla o en mitad de la vida de todos los días. El castigo os cae encima en un día perfectamente normal, y la adrenalina del secreto hace aquí la mitad del trabajo.
- El día sin nada debajo. Tu pareja elige un día de la semana, y ese día sales a la calle sin nada de ropa interior.
- La llamada de mediodía. En pleno día, llama a tu pareja y descríbele, sin saltarte nada, la noche que le tienes preparada. Esa misma noche harás todo lo que hayas anunciado.
- La foto que llega en mal momento. Hazte una foto en una pose muy explícita y mándasela por WhatsApp cuando a ti te parezca.
- Fondo de pantalla obligatorio. Una foto tuya, en lencería o sin nada, pasa a ser el fondo de pantalla del móvil de tu pareja durante todo el día. No puede ni esconderla ni cambiarla.
- Compra con visto bueno. Este fin de semana vas a comprarte ropa interior. Es tu pareja quien da el visto bueno a lo que eliges, y sin su visto bueno te vas con las manos vacías.
- Del súper a la cama. Mientras haces la compra de todas las semanas, mete en el carro un objeto o un alimento perfectamente inocente, al que le darás otro uso en el próximo juego.
- Cinco minutos en el baño. En el trabajo, enciérrate en el baño, abre una videollamada y mastúrbate mientras tu pareja mira.
- Dos habitaciones, dos pantallas. Poneos cada uno delante de una pantalla, en dos habitaciones distintas de la casa, y excitad al otro por webcam.
- Aguanta la conversación. Llama a un amigo y empieza una conversación normal. Mientras tanto, tu pareja te masturba sin hacer ruido, y tienes que aguantar hasta el final de la llamada.
- De espectadores. Proponle a tu pareja mirar juntos a otra pareja, o a un desconocido, que se exhibe en un videochat.
- El juguete de todo el día. Pasa el día con un juguete erótico puesto, sobre ti o dentro de ti, sin que nadie lo sospeche. Es tu pareja quien decide cuándo lo notas.
- Una noche en un club. Reservad una noche para los dos en un club liberal antes de que acabe el mes. Ya veréis allí si participáis o si os limitáis a mirar.
- El quiosco. Id juntos a un quiosco y volved con una revista pornográfica.
- La pregunta al librero. En una librería especializada, ella le pide de viva voz a un dependiente un libro dedicado al sexo anal. Sin rodeos y sin bajar la voz.
- Pícnic con vestido corto. Él elige un parque con gente y prepara el pícnic. Ella va con un vestido corto, y no lleva nada debajo.
- Paseo con crema. Ella se aplica una crema estimulante antes de salir, y luego se va a pasear del brazo de su hombre.
- Cita en el centro de estética. Ella pide cita para depilarse las ingles, y acude con un plug anal puesto.
- Cuatro poses en el fotomatón. Busca un fotomatón y enciérrate dentro el tiempo justo de fotografiarte las partes íntimas.
Castigos de creatividad, sensualidad y juegos de rol
El arte de la puesta en escena, de los masajes, de los juegos de rol y de la gula. Estos piden un accesorio o diez minutos de preparación, y suelen ser los que se recuerdan durante más tiempo. Comprobad que tenéis el material antes de meterlos en vuestra baraja. Varios de ellos, con el masaje a la cabeza, existen también en versión larga, con su desarrollo completo, entre nuestros juegos sensuales para parejas.
- Todo a lametones. Cubre el cuerpo de tu pareja de chocolate, miel o yogur. Nada se limpia con un paño: todo se quita con la lengua.
- Afeitado completo. El reto consiste en afeitarte el sexo por completo.
- Cortado a medida. Toma una prenda corriente de tu pareja, recórtala con unas tijeras hasta convertirla en una pieza de lencería, y exígele que se la ponga.
- Con su ropa interior. La próxima noche te pondrás la ropa interior de tu pareja.
- El masaje completo. Esta noche le das a tu pareja un masaje de la nuca a los pies, con calma, para que se relaje.
- Masaje sin manos. Masajea todo el cuerpo de tu pareja sin ponerle nunca las manos encima: es tu propio cuerpo el que se desliza sobre el suyo.
- Los dos a ciegas. Lleváis los dos una venda en los ojos, desde el primer gesto hasta el final. Nadie se la quita.
- Otro nombre. Por una noche dejas de ser tú: otro nombre, otro aspecto, otra forma de ser. Aprovecha para hacer lo que no te atreverías a hacer con tu nombre de verdad.
- Noche de disfraces. Montad una noche de disfraces, y haced el amor metidos en la piel de los personajes que os hacen fantasear.
- La confesión completa. Cuenta, sin guardarte nada, la fantasía que nunca te habías atrevido a decir en voz alta.
- Lectura en voz alta. Tu pareja abre un libro erótico por la página que quiera. Tú se la lees en voz alta.
- Gran noche en casa. Tirad la casa por la ventana. Él de traje, ella con vestido, joyas y liguero, y el champán bien frío.
- Donde te señalen. Tu pareja señala con el dedo un punto de su cuerpo, y tú lo lames. Después sigue señalando otros.
- Gesto por gesto. Cara a cara, le devuelves a tu pareja cada uno de sus gestos y cada una de sus caricias, tal cual.
- Las palabras más crudas. Durante toda la próxima noche, tendrás que llamar a las cosas con las palabras más crudas que existan.
- Tú de modelo. Tu pareja lleva la cámara, tú posas. Elegid un tema antes de empezar: cuerdas, aceite, tanga, gótico, camel toe o juguetes eróticos.
- La carpeta escondida. Haz fotos o vídeos cortos, en primer plano, de vosotros dos haciendo el amor, y guárdalos después en una carpeta discreta del ordenador de tu pareja. Algún día se topará con ella.
- Con una película puesta. Tu pareja elige una película, normal o pornográfica. Tienes que verla de principio a fin mientras se ocupa de ti, con la boca o con la mano.
Castigos de prácticas sexuales, juguetes y tabúes
Actos concretos, juegos de texturas y orgasmos que cortan la respiración. Aquí no hay nada que preparar: todo se juega en el momento.
- El cubito en la boca. Métete un cubito de hielo en la boca y mantenlo ahí durante toda la felación o todo el cunnilingus.
- Sin quitarse la ropa. Haced el amor vestidos de pies a cabeza. Os toca a vosotros descubrir cómo apañároslas.
- A través de la tela. Acaricia a tu pareja por encima de la ropa, sean pantis, leggings o pantalón, sin quitársela en ningún momento, hasta que la huella de su orgasmo aparezca en la tela.
- Una postura nunca probada. Buscad en el Kamasutra una postura que no hayáis probado nunca, e intentadla. Con cuidado, eso sí.
- La compra en secreto. Hazte con un accesorio erótico que nunca hayas tenido, y no digas nada: no saldrá de su caja hasta la próxima noche.
- Solo el juguete. Haz que tu pareja se corra con un juguete erótico, y con nada más.
- Dos juguetes a la vez. A lo largo de la noche, tu pareja tendrá que usar contigo dos juguetes eróticos al mismo tiempo.
- El juguete de atrás. Lleva a tu pareja al orgasmo con un juguete erótico diseñado para el ano.
- Mirar sin poder tocar. Ata a tu pareja a una silla, y después mastúrbate despacio delante de sus ojos. Nada de penetración.
- Delante del espejo. Ponte frente a un espejo y mastúrbate. Tu pareja te observa desde detrás, sin mover un dedo.
- El reflejo de atrás. Pon las nalgas de cara a un espejo y mira en el reflejo cómo tu pareja te trabaja el ano, con la lengua o con un juguete.
- Otro uso para un objeto. Toma un objeto de todos los días, una fruta o una verdura, y encuéntrale un uso sexual.
- Sexo contra sexo. Haz que tu pareja se corra solo con el roce, sexo contra sexo. Nada de penetración.
- Tres veces con la mano. A lo largo del día, haz que tu pareja se corra tres veces con la mano. Ni boca, ni penetración.
- Cubiertos de lubricante. Cubríos el uno al otro de lubricante, del cuello a los pies, y frotaos el uno contra el otro. Acordaos de proteger el colchón.
- Sobre su boca. Tienes que correrte directamente sobre la boca de tu pareja, sin que haya habido la menor penetración.
- Un sesenta y nueve vestidos. Un sesenta y nueve, con una condición: os dejáis toda la ropa puesta de principio a fin.
- Un sesenta y nueve con juguete. Un sesenta y nueve normal, al que se añade un juguete erótico colocado en el ano de uno de los dos.
- Dos veces con la boca. Hoy tienes que darle placer a tu pareja con la boca, dos veces como mínimo. Nada de penetración.
- Solo la lengua. Lleva a tu pareja al orgasmo solo con la lengua, sin meterte nunca nada entre los labios.
- Por detrás, con la mano. Tu pareja se pone a cuatro patas, tú te colocas detrás, y la masturbas en esa postura.
- Entre sus nalgas. Ella se tumba boca abajo, en tanga o en pantis, y se mueve para ayudar. Él tiene que correrse frotándose entre sus nalgas.
- Tres orgasmos, tres maneras. Esta noche, tu pareja tiene que correrse tres veces como mínimo, y nunca dos veces de la misma manera.
- Sexo anal esta noche. Quien saque esta carta es quien recibe la penetración anal esta noche.
- Beso negro por sorpresa. Haz que tu pareja se corra lamiéndole el ano. Eres libre de no avisar antes de ponerte a ello.
- El masaje con secreto. Introdúcete un juguete erótico, vuelve a ponerte la ropa interior encima, y ve a pedirle un masaje a tu pareja como si nada.
- La petición que nunca hiciste. Exígele a tu pareja la práctica con la que sueñas, y que nunca te has atrevido a pedir.
- De pie, por encima. Quédate de pie y mastúrbate. Tu pareja se coloca justo delante de tu sexo, o debajo.
- En la cara. Tu pareja te ata, y recibes su orgasmo en plena cara. Si es ella quien se corre, se frotará contra tu cara hasta el final.
- Alargarlo delante de una película. Una película pornográfica de fondo y una sola consigna: masturbar a tu pareja retrasando su orgasmo todo lo posible.
- Sobre la tela que ella ha llevado. Ella elige una prenda de ropa interior que haya llevado puesta, por el tejido. Él tiene que eyacular encima.
- Su semen como lubricante. Él eyacula sobre el sexo de ella. Ella lo usa después como lubricante para masturbarse.
- Sentada sobre su cara. Él se tumba boca arriba. Ella se sienta sobre su cara y lo obliga a lamer todo lo que tenga delante.
Los castigos que duran más de una noche
Seis castigos de esta lista no se acaban cuando apagáis la luz: los números 1, 21, 23, 26, 33 y 63. Son seguramente los más potentes de todos, porque siguen actuando durante horas, a veces durante una semana entera, mientras que un castigo clásico se consume en tres minutos.
Como contrapartida, piden un acuerdo claro antes de sacarlos. Quitadlos de la baraja si jugáis un martes por la noche con un día de mucho trabajo por delante. Guardadlos más bien para un viernes: tendréis el fin de semana entero para cumplirlos, y es ahí donde dan lo mejor de sí.
Los errores que estropean un buen castigo
Seguramente cometeréis los cuatro al menos una vez. Mejor conocerlos de antemano.
Negociar el castigo. En cuanto uno de los dos propone una versión rebajada, se acabó, y la tensión perdida ya no se recupera. O lo cumplís tal como está escrito, o pasáis, pero no busquéis un término medio.
Dejarlo para mañana. «Ya lo haremos mañana» quiere decir nunca, y lo sabéis los dos en el momento de decirlo. Un castigo que no podéis cumplir en la hora siguiente se saca de la baraja antes de la partida, nunca durante.
Quedarse sin material. Cera sin vela de masaje, un juguete que habría que pedir por internet: interrumpís la noche para ir a buscar algo, y ya no volvéis a meteros del todo en ella.
Apuntar demasiado alto en la primera ronda. El número 18 después de tres rondas, perfecto. Para abrir la partida, da risa, y una risa en ese momento es muy difícil de remontar. Empezad mejor por un castigo corto, cumplido sin comentarios: es el que deja claro que jugáis en serio.
Vuestras preguntas sobre los castigos picantes
¿Cuántos castigos hay que preparar para una noche?
Con ocho o diez hay de sobra. Una partida rara vez pasa de la hora y media, y valen más diez castigos que os apetezcan de verdad que noventa y uno de los que la mitad os deja fríos. La Nochevieja es la excepción: doce, uno cada cinco minutos durante la última hora del año, es una de nuestras ideas para la Nochevieja en pareja en casa.
¿Qué hacer si mi pareja rechaza un castigo?
Se pasa al siguiente, sin comentarios y sin negociar. Una negativa rara vez es una negativa de fondo: casi siempre es cuestión de cansancio, de momento o de material que falta. El castigo vuelve a la baraja, y saldrá otra noche.
¿Se puede jugar a los castigos sin tener un juego?
Claro que sí. Cualquier excusa vale: una apuesta por el partido del domingo, una partida de parchís, un piedra, papel o tijera al mejor de tres. El juego solo sirve para decidir quién cumple, y el castigo hace todo lo demás. Y si queréis un juego de verdad para decidir quién pierde, encontraréis quince en nuestros juegos sexuales para parejas, con sus reglas, de los dados eróticos a la guerra de prendas.
¿A partir de cuándo un castigo es demasiado intenso?
A partir del momento en que uno de los dos lo sufre en vez de jugarlo. Eso es precisamente lo que la palabra de seguridad y el derecho a pasar sirven para detectar, y por eso se fijan antes de empezar y no a mitad de camino.