Juegos preliminares en pareja: 15 ideas para encender el deseo nivel a nivel
15 juegos preliminares en pareja, en cinco niveles, del mensaje de mediodía a la cama: para cada uno, su duración, lo que está prohibido y cuándo subir.

Os sabéis la secuencia de memoria. Un beso, las manos que van directas a donde sabéis que funciona, tres minutos de caricias a modo de preliminares, y ya está. Funciona, nadie se queja, y sin embargo los dos os acordáis muy bien de una época en la que podíais pasar una hora en un sofá sin ir más allá del botón de unos vaqueros.
Lo que ha cambiado no son las ganas. Es el ritmo. Con los años, los preliminares se han ido comprimiendo hasta quedarse en un trámite, y la mayoría de las ideas de preliminares que se encuentran en internet no cambian nada: «hazle un masaje», «véndale los ojos», «tomaos vuestro tiempo». Una idea sin reglas se hace una vez, a cámara rápida, y se vuelve a la secuencia de siempre. Lo que falta es una estructura que os impida saltaros pasos, incluso cuando os morís de ganas.
Aquí tenéis quince juegos preliminares en pareja ordenados en cinco niveles, desde el mensaje que se manda a mediodía hasta el momento en que hacéis el amor. Cada nivel levanta una sola prohibición, y es el otro quien decide cuándo se pasa al siguiente. Encontraréis primero el principio y una tabla de los cinco niveles, después los juegos, nivel a nivel, tres recorridos según el tiempo que tengáis, y las respuestas a las preguntas que uno se hace antes de empezar.
El principio: cinco niveles, una prohibición que cae cada vez
El juego se sostiene en cuatro reglas. Valen para los quince juegos de esta página y se ponen en un minuto, durante la cena o en el pasillo.
- Un nivel, una prohibición: cada nivel permite una cosa más que el anterior, y solo una. En el nivel 2, os besáis, pero las manos se quedan encima de la ropa. En el nivel 3, la piel, pero no el sexo. En el nivel 4, el sexo, con las manos y la boca, pero sin penetración. En el nivel 5, todo. Esta progresión es la que hace subir el deseo: la prohibición que sigue en pie vuelve más intenso el nivel en el que estáis, porque sabéis exactamente lo que todavía no tenéis derecho a hacer.
- La llave la tiene el otro: nunca se sube de nivel por cuenta propia. Es quien recibe el que dice «subimos». Quien acaricia sabe adónde quiere ir; quien recibe las caricias sabe si está listo, y es él quien tiene razón.
- Se puede bajar, nunca saltar: pasar del nivel 2 al 4 porque «es lo mismo» es justo lo que este juego os impide hacer. Bajar, en cambio, siempre está permitido, y el último juego de la página lo convierte incluso en un arma.
- La palabra que lo para todo: una palabra que no pinta nada en un dormitorio, «felpudo» o «Albacete», y que acaba con el juego en el acto, sin explicaciones ni discusión. Es ella la que permite que las reglas sean firmes: aquí no se negocia una prohibición.
Los cinco niveles de un vistazo
| Nivel | Dónde y cuándo | Lo que está permitido | Lo que sigue prohibido | Duración |
|---|---|---|---|---|
| 1. Las palabras | Durante el día | Mensajes, miradas, una promesa | Tocarse | Todo el día |
| 2. Vestidos | Cocina, sofá | La boca, las manos sobre la ropa | Meter una mano por debajo | De diez a quince minutos |
| 3. La piel | El dormitorio | Desnudarse, toda la piel | El sexo | De quince a veinte minutos |
| 4. El sexo | En la cama | Las manos, la boca, masturbarse | La penetración | De quince a veinte minutos |
| 5. Hacer el amor | Donde queráis | Todo | Nada, salvo bajar demasiado deprisa | El resto de la noche |
Las duraciones no son objetivos. Solo dan el orden de magnitud, para que sepáis que una noche completa lleva una hora, y que un martes de veinte minutos se salta por fuerza algunos. Los recorridos de más abajo os dicen cuáles.
Nivel 1: durante el día, el deseo antes incluso de tocarse
Los preliminares no empiezan en el dormitorio, empiezan en el momento en que uno de los dos sabe que esta noche va a pasar algo. Estos tres juegos se juegan a distancia, mientras cada uno está con su día, y tienen un solo objetivo: que lleguéis a las once de la noche pensando en ello desde la mañana.
1. La cita fijada a las 8: una hora, una habitación, y ni una palabra más
Material: un móvil, o un pósit en el espejo del baño. Duración: de las 8 de la mañana a la noche.
Por la mañana, antes de salir, uno le fija una cita al otro, y la fija con precisión: «A las once, el dormitorio, con el pestillo echado». Nada de «ya veremos esta noche», nada de «si no estamos muy cansados». Una hora y una habitación. La regla es sencilla, y es la que hace el juego: ninguno de los dos vuelve a hablar de ello en todo el día, ni por teléfono, ni en la cena, ni delante de los deberes de los niños.
Por qué funciona: una cita desplaza la decisión. A las once ya no tenéis que preguntaros si os apetece: lo decidisteis por la mañana, y todo el día ha servido de espera. También es la mejor manera de no dejar que el cansancio negocie por vosotros: a las once menos cuarto siempre hay una buena razón para dejarlo para mañana, mientras que a las 8 no hay ninguna.
2. Los tres mensajes: a las dos, a las seis y a las nueve, cada uno un grado más alto
Material: vuestros dos móviles. Duración: todo el día.
Cada uno manda tres mensajes al otro, a horas fijas, y cada mensaje sube un grado. A las dos, un recuerdo: «Me estoy acordando de aquel hotel de Cádiz, y de la ventana abierta». A las seis, lo que llevas debajo de la ropa, en una frase. A las nueve, lo que le vas a hacer luego, en una frase también, y nada más. La condición que lo cambia todo: quien recibe solo puede contestar «recibido». Ni corazones, ni «mmm», ni «para, que estoy en una reunión».
Por qué funciona: el «recibido» es una frustración deliciosa para quien escribe, que no sabe qué efecto ha tenido su mensaje, y para quien lee, que no tiene derecho a decirlo. El mensaje de las nueve, además, suele caer durante la cena, en la mesa con los niños, y el móvil que se queda boca abajo junto al plato dice mucho.
3. La ropa interior que elige el otro: dejada en la silla la noche antes
Material: el cajón del otro. Duración: todo el día, y hasta el nivel 3.
La noche antes, uno abre el cajón del otro y elige lo que llevará debajo mañana: las bragas, el sujetador, los calzoncillos, o nada en absoluto. Lo deja en la silla, sin comentarios, y el otro se lo pone por la mañana. Nadie habla de ello en todo el día. Por la noche, en el nivel 3, es la única prenda que no se quita enseguida: quien la eligió decide cuándo.
Por qué funciona: pasáis el día sabiendo que el otro lo sabe. Cada vez que os vestís, os sentáis o os cruzáis la mirada en el desayuno, la elección del otro está ahí, contra vuestra piel. Y quien la eligió piensa en ello casi tanto como quien la lleva.
Nivel 2: vestidos, la boca sí, las manos sobre la ropa
Es el nivel que más se salta, porque creemos que ya lo conocemos. Al fin y al cabo, os besáis todos los días. Precisamente: un beso dado al pasar por delante de la cafetera no cuenta. Estos tres juegos vuelven a poner el beso en el centro, con una regla que mantiene las manos lejos de la piel.
4. El beso de la cocina: veinte segundos, y nada más hasta la cita
Material: una cazuela al fuego. Duración: veinte segundos.
Mientras se cuece la pasta, uno agarra al otro por las caderas, lo apoya contra la encimera y lo besa, despacio, contando veinte segundos mentalmente. Luego lo suelta y vuelve a tomar la cuchara de palo como si nada. La regla: ninguno de los dos puede repetirlo antes de la cita de la noche, pase lo que pase.
Por qué funciona: un beso interrumpido trabaja durante toda la cena. Os recuerda lo que era besarse por besarse, y no para saludarse, y plantea una pregunta que nadie formula pero que vais a contestar a las once. Si los niños entran en la cocina en el segundo quince, mejor: la frustración forma parte del juego.
5. El beso en cinco minutos: un minuto por etapa, y el temporizador decide
Material: el temporizador del móvil, en un minuto y relanzado cinco veces. Duración: cinco minutos.
De pie o sentados frente a frente, os besáis durante cinco minutos, y cada minuto tiene su regla. Solo se pasa al siguiente cuando suena, aunque os muráis de ganas.
- Primer minuto: solo los labios, sin lengua. Despacio, como un primer beso.
- Segundo minuto: entra la lengua.
- Tercer minuto: el cuello, la mandíbula, el lóbulo de las orejas. La boca deja la boca.
- Cuarto minuto: entran las manos, solo sobre la ropa: las caderas, la espalda, las nalgas por encima de los vaqueros.
- Quinto minuto: quien recibió el primer beso manda, y hace lo que quiera, siempre que las manos se queden sobre la tela.
Por qué funciona: al cabo de unos años, el beso se ha convertido a menudo en una puerta que se cruza en cuatro segundos. Aquí se vuelve un nivel entero, y el temporizador obliga a quedarse en cada etapa el tiempo suficiente para que haga su efecto. En el quinto minuto, los dos habréis entendido que hacía mucho que no os besabais así.
6. El sofá de los diecisiete: quince minutos como cuando ibais al instituto
Material: el sofá, la tele encendida con cualquier cosa. Duración: quince minutos.
Os sentáis en el sofá como dos chavales en casa de los padres de uno de ellos, y os enrolláis durante quince minutos, con la regla de entonces: las manos por todas partes, pero por encima de la ropa. Nada por debajo del jersey, nada por debajo del cinturón. Si una mano se cuela por debajo, su dueño para, pone las dos manos sobre las rodillas y cuenta hasta treinta antes de seguir.
Por qué funciona: la prohibición os devuelve las manos de los diecisiete años, las que se pasaban una hora buscando el botón de unos vaqueros sin atreverse a desabrocharlo. La tela entre la mano y la piel hace subir el deseo mucho más deprisa de lo que uno se imagina, porque todo lo que se siente se adivina. Y la tele hablando sola, como entonces, hace el resto.
Nivel 3: la piel, os desnudáis, pero el sexo se queda fuera del juego
Es el nivel en el que los preliminares se juegan de verdad, y el que la secuencia de siempre reduce a diez segundos. Os desnudáis, tenéis acceso a toda la piel del otro, salvo a su sexo. Esa prohibición es la más importante de la noche: es la que obliga a las manos y a la boca a pasar por todas partes.
7. Desnudarse negociando: cada prenda se compra con una promesa
Material: vuestra ropa, y lo que uno eligió para el otro la noche antes, si habéis jugado al n.º 3. Duración: quince minutos.
Para quitarle una prenda al otro, primero hay que decirle qué vas a hacer con la piel que va a quedar al descubierto. «Si te quito la camisa, te beso los hombros hasta la nuca». «Si te quito los vaqueros, te recorro los muslos con los labios, hasta la rodilla y no más arriba». El otro acepta, y cumples tu promesa entera antes de pedir la prenda siguiente. También puede contestar «más»: la promesa no basta, hay que proponer una mejor. Por turnos, hasta que estéis desnudos, o casi.
Por qué funciona: un desnudarse que suele llevar diez segundos lleva quince minutos, y cada prenda tiene su momento. Quien promete dice lo que le apetece hacer, quien acepta dice lo que le apetece recibir, y el «más» suele ser la palabra más excitante de la noche, porque dice «quiero todavía más» sin tener que decir qué.
8. El ascensor: diez plantas, y el botón lo tiene el otro
Material: nada. Duración: de diez a veinte minutos, a elección de quien tiene el botón.
Uno se tumba boca arriba, desnudo. El otro empieza por los tobillos, con las manos y la boca, y sube planta a planta: los tobillos, las pantorrillas, las rodillas, la cara interna de los muslos, las caderas, el vientre, los pechos o el pecho, el cuello, las orejas y, por último, la boca. El sexo no es una planta: el ascensor pasa por delante sin pararse. Quien está tumbado tiene el botón: mientras no diga «planta», se sigue en la misma. No se puede saltar ninguna, ni bajar, salvo si dice «planta baja», y entonces se vuelve a empezar por los tobillos. Al llegar a la boca, se cambia.
Por qué funciona: quien acaricia aprende la paciencia, y descubre que se pueden pasar cinco minutos en la parte de atrás de una rodilla. Quien recibe descubre que tiene derecho a alargar la cara interna de los muslos todo lo que quiera, y que nadie va a seguir sin su permiso. Y cada vez que el ascensor pasa por delante del sexo sin pararse, el deseo sube un grado más que la propia planta.
9. Los veinte besos: nunca dos veces en el mismo sitio
Material: nada. Duración: diez minutos.
Uno tiene veinte besos que dar en el cuerpo del otro, y los cuenta en voz alta. Dos reglas: nunca dos veces en el mismo sitio, nunca en la boca ni en el sexo. Los diez primeros son fáciles. A partir del decimoquinto hay que buscar un sitio nuevo, y ahí es donde el juego se pone interesante: la parte de atrás de la rodilla, la palma de la mano, detrás de la oreja, el pliegue de la cadera, la parte baja de la espalda, el tobillo. Al llegar a veinte, se cambia.
Por qué funciona: al cabo de unos años, el cuerpo del otro se reduce a cinco o seis sitios que os sabéis de memoria. Este juego os obliga a encontrar quince más, y quien recibe descubre también sitios de cuyo efecto no tenía ni idea. La cuenta en voz alta hace el resto: al llegar a «dieciocho», todo el mundo contiene la respiración.
10. El «todavía no»: un dedo, una pregunta, dos respuestas posibles
Material: nada. Duración: lo que queráis, y es el juego que abre el nivel 4.
Antes de cada caricia nueva, quien acaricia apoya un dedo en el sitio al que va y pregunta: «¿Aquí?». Solo hay dos respuestas posibles: «sí» o «todavía no». Con un «sí», adelante. Con un «todavía no», tiene que pasar treinta segundos en otro sitio antes de poder volver a preguntar por el mismo. El juego dura todo el nivel 3, y es él el que da la salida: la primera vez que quien recibe contesta «sí» con el dedo apoyado en su sexo, estáis en el nivel 4.
Por qué funciona: el «todavía no» no quiere decir no, quiere decir «quiero esperar un poco más», y es una frase que casi nunca se pronuncia en la cama. Decirla, y oírla, cambia por completo la relación con el tiempo: quien acaricia sabe que le llegará su turno, y quien recibe descubre el placer de hacer esperar. El «sí» final ya no tiene nada de trámite.
Nivel 4: el sexo, las manos y la boca, todo menos la penetración
En este nivel, la prohibición que queda es la penetración, y es precisamente la que impide que la noche se cierre sobre la secuencia de siempre. Tenéis derecho a acariciaros el sexo, a masturbaros, al sexo oral. Los tres juegos que siguen sirven para que este nivel dure, en lugar de cruzarlo en dos minutos.
11. El termómetro: del 1 al 10, de grado en grado
Material: nada. Duración: quince minutos, y luego se cambia.
Quien recibe dice un número del 1 al 10 después de cada caricia del otro: por dónde va su excitación, en ese momento exacto. Quien acaricia tiene una sola misión, hacer subir el número exactamente un grado, nunca dos. Si pasa del 5 al 7, vuelve a lo que hacía en el 5 y empieza otra vez. En el 9 para, y le toca al otro recibir.
Por qué funciona: la obligación de subir solo un grado impone la lentitud, y convierte cada caricia en información. Quien acaricia aprende con precisión qué provoca un 6 y qué provoca un 8 sin haber hecho una sola pregunta, y quien recibe tiene que decir por dónde va, cosa que casi nunca se hace. Al cabo de dos noches conoceréis la escala del otro mejor que la vuestra.
12. La mano sobre la mano: masturbarse, y luego pasar el relevo
Material: nada, o un poco de lubricante. Duración: diez minutos.
Uno se masturba delante del otro, como lo hace cuando está solo, al mismo ritmo y con la misma presión. El otro pone su mano sobre la suya, sin dirigir nada, solo para seguir. A los dos minutos se cambia: la mano del otro ocupa su lugar, y la del primero se queda encima, para corregir el ritmo, el sitio, la presión, sin una palabra. Después se invierten los papeles.
Por qué funciona: compartís cama desde hace diez o quince años, y es probable que nunca os hayáis enseñado cómo os tocáis. Este juego sustituye una conversación que nadie tiene ganas de tener, y la sustituye por algo mucho más excitante de hacer que de decir. Quien mira aprende más en dos minutos que en diez años de suposiciones.
13. Por turnos con el temporizador: dos minutos cada uno, nunca a la vez
Material: el temporizador del móvil. Duración: doce minutos, en tres turnos cada uno.
El sexo oral se hace por turnos, con el temporizador. Dos minutos para uno, suena, y se para en seco, a mitad del gesto, pase lo que pase. Dos minutos para el otro. Tres turnos cada uno. Nada de sesenta y nueve, nada de «a la vez»: quien recibe no hace otra cosa que recibir, con las manos sobre la sábana.
Por qué funciona: el pitido que corta en el peor momento hace subir el deseo en cada turno, y el tercero ya no tiene mucho que ver con el primero. Y recibir sin devolver nada, dos minutos enteros, suele ser más difícil de lo que parece: nos hemos acostumbrado a hacerlo todo a la vez, y a no dejarnos hacer nunca sin más.
Nivel 5: hacer el amor sin perder el ritmo
Cae la última prohibición. Pero la regla de los niveles no se acaba aquí, y eso es lo que marca la diferencia con una noche cualquiera: la penetración no es el final de los preliminares, es un nivel como los demás, y se puede bajar de él.
14. Pedirlo entero: la penetración se pide, con una frase completa
Material: nada. Duración: lo que tarde uno de los dos en ceder.
La penetración sigue prohibida mientras uno de los dos no la haya pedido en voz alta, con una frase entera, con sujeto, verbo y un sitio: «Quiero sentirte dentro, ahora, en el borde de la cama», «Quiero estar dentro de ti, contigo encima». Un «ven» no cuenta, una mirada tampoco. Quien lo pide primero pierde, y el otro elige la postura.
Por qué funciona: formular la frase es un nivel en sí mismo. Hay que pensarla, decirla mirando al otro y aceptar que uno ha cedido primero, cosa que siempre hace sonreír al que ha aguantado. Para una versión de este juego con temporizador, y quince minutos en los que la penetración está prohibida pase lo que pase, mirad la cuenta atrás de nuestros juegos sexuales en pareja, con sus reglas.
15. Bajar un nivel: dos marchas atrás para cada uno
Material: nada. Duración: el resto de la noche.
Mientras hacéis el amor, cada uno tiene derecho dos veces a anunciar un nivel: «nivel 3» o «nivel 4». Paráis, os separáis y volvéis a él durante dos minutos, al ascensor, a los veinte besos o a la boca, antes de seguir donde lo habíais dejado. Quien lo anuncia elige el nivel, y el otro elige el juego.
Por qué funciona: bajar justo cuando uno está más cerca de correrse es una frustración, y es exactamente lo que hace durar la noche. Se vuelve al nivel 5 con dos minutos más de deseo. Y saber que el otro puede decir «nivel 3» en cualquier momento cambia la forma de hacer el amor: ya nadie corre hacia el final.
Tres recorridos, según el tiempo que tengáis
No necesitáis los quince juegos en la misma noche, ni siquiera los cinco niveles. Lo que cuenta es no saltaros ninguno dentro de la noche que hayáis elegido. Aquí tenéis tres recorridos que respetan el orden.
| Vuestra noche | El recorrido | Por qué este |
|---|---|---|
| Un martes, veinte minutos antes de dormir | El beso en cinco minutos (n.º 5), los veinte besos (n.º 9), pedirlo entero (n.º 14) | Tres niveles, un juego por nivel, y ninguno necesita preparación |
| Un viernes, con una hora por delante | Los tres mensajes (n.º 2), el sofá de los diecisiete (n.º 6), el ascensor (n.º 8), el termómetro (n.º 11), bajar un nivel (n.º 15) | Los cinco niveles, un juego por nivel, en orden |
| El sábado que los niños duermen en casa de los abuelos | La ropa interior elegida (n.º 3), la cita (n.º 1), el beso de la cocina (n.º 4), desnudarse negociando (n.º 7), el «todavía no» (n.º 10), la mano sobre la mano (n.º 12), por turnos (n.º 13), pedirlo entero (n.º 14) | Un día entero de espera, y dos juegos por nivel por la noche |
Los quince juegos de esta página juegan todos con la subida. Si os apetece entreteneros en el nivel 3, nuestros juegos sensuales en pareja, ordenados por sentidos proponen doce más, del masaje en tres tiempos a la linterna. Para subir la temperatura en el nivel 4 con consignas más atrevidas, tirad de nuestros retos picantes para parejas. Y para las noches en las que primero necesitáis reíros antes de pensar en todo esto, los juegos para parejas en casa empiezan en la cena.
Lo que hace saltarse pasos: tres atajos que hay que reconocer
Incluso con reglas, la noche tiende a recuperar su antiguo ritmo. Hay tres atajos que aparecen casi siempre, y se reconocen fácilmente una vez que se conocen.
- El nivel que se salta porque ya lo conocéis: «ya sabemos besarnos» es la frase que hace pasar directamente del nivel 1 al 3. Y sin embargo es en el nivel 2 donde la noche toma impulso. Quedaos al menos con un juego de besos, aunque sea corto, aunque sea un martes.
- El móvil que vibra: una notificación en el nivel 3, y estáis de vuelta en el nivel 0, leyendo un mensaje del grupo de padres del cole. Modo avión antes de la cita, en los dos móviles, también en el que hace de temporizador.
- El cansancio que negocia: «¿Hoy algo rápido?». Hacerlo rápido no es un problema, pero hacedlo eligiendo el recorrido de veinte minutos, no saltándoos niveles en mitad de una noche de una hora. Una noche corta y completa vale más que una larga en la que os habéis saltado la mitad de los pasos.
Vuestras preguntas sobre los juegos preliminares en pareja
¿Cuánto tiempo deben durar los preliminares?
No hay una duración buena, y desconfiad de las cifras que circulan. Lo que cuenta es que los dos lleguéis a la vez al nivel siguiente, no que el temporizador marque un tiempo concreto. En la práctica, una noche que pasa por los cinco niveles lleva más o menos una hora, y un recorrido de tres niveles cabe en veinte minutos. Las dos cosas son preliminares de verdad, siempre que no os hayáis saltado ningún paso.
¿Qué preliminares hacer cuando solo hay un cuarto de hora?
Elegid un juego por nivel y saltaos el nivel 1: el beso en cinco minutos, luego el ascensor en versión corta, luego pedirlo entero. Lo que cuenta no es lo que dure cada nivel, sino cruzarlos en orden. Un cuarto de hora con buen ritmo hace más efecto que una hora en la que se ha corrido hasta el final.
¿Cómo alargar los preliminares cuando uno de los dos tiene prisa?
Dadle la llave. En este juego es quien recibe el que decide cuándo se pasa al nivel siguiente: si el impaciente es quien recibe, aprende a esperar haciendo esperar al otro; si es quien acaricia, sencillamente no tiene derecho a ir más deprisa. El termómetro y el «todavía no» son los dos juegos más eficaces para eso, porque hacen de la espera la regla misma del juego.
¿Y si nos quedamos en el nivel 4?
Pues os habéis quedado en el nivel 4, y ha sido una noche estupenda. Nada obliga a llegar a la penetración: correrse con las manos o con la boca no tiene nada de fracaso, y hay parejas que descubren con este juego que es su nivel preferido. El nivel 5 está ahí cuando os apetezca, no como una línea de meta.
¿Cómo proponerle este juego a tu pareja?
Precisamente por el nivel 1. Una cita fijada por la mañana, o un primer mensaje a mediodía, no necesitan ninguna explicación: el otro entiende solo que esta noche va a pasar algo, y las reglas se ponen en la cena, en un minuto. Para todo lo que se dice antes de un juego más atrevido, nuestro artículo sobre cómo proponerle un juego picante a tu pareja detalla las frases y el momento.
¿Existe algún juego de preliminares en el móvil?
Los quince juegos de esta página solo necesitan un temporizador, pero sois vosotros quienes seguís llevando el ritmo, y eso es justo lo que se pierde al cabo de unas cuantas noches: uno siempre acaba queriendo saltarse un nivel. Los juegos picantes de Oopsia se juegan entre dos en un solo móvil y hacen ese papel por vosotros: dosifican la intensidad, sacan la consigna siguiente y os dejan ocuparos el uno del otro.