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40 retos picantes para parejas que suben la temperatura esta noche

¿Otra noche de sofá y serie? Dadle la vuelta con 40 retos picantes para sorprender a vuestra pareja, del más suave al más directo. ¿Cuál lanzáis primero?

Oopsia·12 min de lectura
Una pareja riéndose en un salón iluminado por una lámpara, él con los ojos vendados con un pañuelo, ella muy cerca de su oído, con unas cartas en la mano

Soltad el mando de la tele. Esta noche, el único botón que vais a pulsar es el del ego y el deseo de vuestra pareja.

Un reto de verdad no se queda en una sugerencia a medias. No es un «¿y si nos damos un masaje?», esa frase que se dice sin moverse del sofá y que casi nunca acaba en nada. Un reto es una orden. Es imponerle al otro una acción, un límite o una regla del juego. Es tomar el poder durante unos minutos, observar cómo reacciona y hacer que la tensión sexual suba a base de restricciones y de atrevimiento.

En una pareja, la rutina se instala cuando todo se vuelve previsible: la cena, los niños a la cama, un capítulo y a dormir. ¿El antídoto? Lo inesperado, dictado por una consigna estricta. Tanto si os apetece volver loco al otro de pura frustración como si preferís pasar directamente a la acción, aquí tenéis 40 retos picantes para parejas: concretos, en imperativo y temibles.

Elegid vuestra arma, mirad al otro a los ojos e imponed vuestra regla.

Sacar una carta al azar

Las 40 cartas del artículo, sacadas al azar. Elegid una familia y guardad de paso las que os gusten para haceros una baraja. No se guarda ni se envía nada.

Pulsad el botón para sacar una carta.

Quedan 40 cartas.

Fase 1: los retos «para abrir boca»

Subir la presión. Aquí el objetivo no es llegar hasta el final, sino descolocar al otro. Se trata de sacudir las costumbres del principio de la noche con órdenes sencillas que obligan a acercarse.

  1. La copa sin manos. «Te reto a darme de beber un trago de mi copa (o de mi vaso), pero tienes terminantemente prohibido usar las manos. Tienes que sujetar la copa con los brazos, con el cuello o con la boca.» Lo torpe de la situación rompe el hielo y obliga a un contacto físico poco habitual.
  2. El desnudo a ciegas. «Cierra los ojos. Voy a quitarte exactamente tres prendas o accesorios. Tienes que adivinar cuáles solo por la sensación de la tela al deslizarse. Si fallas, me quitas algo con los dientes.»
  3. La estatua de mármol. «Túmbate boca arriba. No puedes moverte ni un milímetro, ni hablar. Voy a acariciarte el torso y el cuello durante tres minutos. Al primer estremecimiento, te cae un castigo.» Es la base de la sumisión suave: obligar al cuerpo a encajar el placer sin reaccionar.
  4. Desvestir a contrarreloj. «Tienes exactamente 45 segundos para quitarme el pantalón y los calcetines usando una sola mano. La otra tiene que quedarse pegada a tu espalda. El crono ya corre.»
  5. La prueba del cubito viajero. «Te ordeno que cierres los ojos y eches la cabeza hacia atrás. Voy a deslizar un cubito de hielo por tres zonas de tu cuerpo. Tienes cinco segundos para decirme cuáles son, sin hacer trampas.»
  6. La línea imaginaria. «Dibuja con el índice una línea imaginaria, desde la base de mi cuello hasta mi cinturón. Ahora te reto a seguir ese camino exacto con la lengua, sin desviarte nunca, aunque yo me mueva.»
  7. El susurro indecente. «Acércate a mi oído. Tienes un minuto para describirme, con las palabras más crudas que encuentres, lo peor que tienes ganas de hacerme esta noche. Yo solo puedo escuchar, y tú no puedes tocarme.»
  8. El cacheo a fondo. «Levántate y pon las manos contra la pared. Voy a hacerte un cacheo lento para comprobar que no escondes nada. Déjate hacer, no puedes darte la vuelta.»
  9. El botón rebelde. «Ven a sentarte en mis rodillas. Te reto a desabrocharme la camisa (o los vaqueros) solo con los labios y los dientes. Si usas los dedos, vuelves a empezar desde cero.»
  10. La orden de la mirada fija. «Siéntate frente a mí. Vamos a mirarnos a los ojos durante dos minutos enteros. El primero que aparte la mirada, se ría o hable tendrá que cumplir la fantasía del otro esta noche. El crono empieza ya.»

Fase 2: los retos de «frustración y prohibiciones»

El juego de los límites. El deseo se alimenta de lo que le falta. Imponerle a vuestra pareja un límite físico o sensorial va a multiplicar sus ganas de pasar a la acción.

  1. La barrera del aliento. «Te reto a excitarme todo lo que puedas durante tres minutos, pero tienes terminantemente prohibido tocarme con las manos o con la boca. Solo puedes usar tu aliento sobre mi piel.»
  2. El guía a ciegas. «Te vendo los ojos. Voy a tomar tus dos manos entre las mías. No puedes mover los dedos. Soy yo quien va a guiar tus manos por mi cuerpo, exactamente ahí donde quiero que me toques.»
  3. El beso prohibido. «Vamos a besarnos con pasión durante un minuto. Pero la regla es estricta: nuestros labios no pueden tocarse nunca. Bésame el cuello, la mandíbula, la punta de la nariz. Si tus labios rozan los míos, has perdido.»
  4. El para y sigue. «Empieza a acariciarme. Cuando yo diga “para”, paras en seco, retrocedes un metro y esperas en silencio. Solo vuelves cuando diga “sigue”. Prepárate, voy a decir “para” muchas veces.»
  5. La ley del silencio. «Hasta que lleguemos al dormitorio, tienes totalmente prohibido hablar, gemir o suspirar. Si sale un solo sonido de tu boca, la noche se acaba aquí.» El esfuerzo de concentración vuelve el cuerpo hiperreceptivo.
  6. La exploración asimétrica. «Te reto a ocuparte solo de la mitad derecha de mi cuerpo. Mi brazo derecho, mi muslo derecho, el lado derecho de mi cuello. El lado izquierdo no existe. Ya verás hasta qué punto desespera.»
  7. La atadura ligera. «Pon las manos a la espalda. Te ato las muñecas con esta corbata. Tu reto: conseguir besarme y hacerme caer en la cama sin usar los brazos.»
  8. La regla de la tela. «Uno de los dos se queda con la ropa interior puesta. Te obligo a darme placer a través de la tela, sin apartarla ni bajarla nunca. Apáñatelas con el roce.»
  9. El termostato corporal. «Encuentra con los labios el punto más caliente de mi cuerpo, y después el más frío. Tienes dos minutos para igualar la temperatura de las dos zonas solo con la lengua.»
  10. El precipicio (edging). «Es una orden: llévame al borde del orgasmo y para en seco. Deja que me baje la excitación. Repítelo tres veces. Te prohíbo dejar que me corra antes del cuarto intento.»

Fase 3: los retos de «dominación e inversión de roles»

¿Quién toma el control? Los juegos de dominación y sumisión en pareja, que le dan la vuelta a las relaciones de poder habituales de la pareja heterosexual, son un terreno inagotable. Es el momento de ordenar y de obedecer.

  1. La marioneta voluntaria. «Durante los próximos cinco minutos no tienes voluntad propia. Eres mi juguete. Te levanto, te tumbo, te coloco los brazos donde quiero, te separo las piernas. Te dejas manejar con una pasividad total.»
  2. El usted obligatorio. «A partir de ahora y hasta que terminemos, me tratas de usted. Me pides permiso para cada gesto: “¿Me permite usted un beso?”. Cada tuteo se paga con un cojinazo.»
  3. El desnudo asimétrico. «Levántate y ponte en medio del salón. Te ordeno que te quites toda la ropa, despacio, mientras yo me quedo en el sofá con toda la ropa puesta, mirando cómo lo haces. Monta el espectáculo.»
  4. El contrato de obediencia. «Toma este pintalabios (o un boli) y firma sobre mi vientre. Con esa firma te comprometes a aceptar mi próxima orden sin negociar nada, sea la que sea.»
  5. La ruleta de las decisiones. «Te pongo ante una elección. Opción A: te vendo los ojos y me ocupo de ti con un objeto de la cocina. Opción B: te quedas con los ojos abiertos, pero con las manos atadas. Elige en cinco segundos.»
  6. El imitador. «Esta noche intercambiamos los papeles. Te reto a comportarte exactamente como yo en la cama. Repite mis frases de siempre, mis movimientos habituales, mi manera de empezar. Yo haré lo mismo con tus costumbres.»
  7. El servicio de habitaciones. «Sal de la habitación. Vuelves dentro de dos minutos haciendo de servicio de habitaciones de un hotel de lujo. Llamas a la puerta, entras y me ofreces un “servicio especial”. Te toca ser convincente.»
  8. Reloj en mano. «El crono está en marcha. Te doy exactamente tres minutos para hacerme perder la cabeza. Si dentro de tres minutos no te estoy suplicando que sigas, soy yo quien toma el control total.»
  9. El espejo delator. «Nos ponemos delante del espejo grande. Yo me coloco detrás de ti. Tu reto: no mirarme nunca directamente. Solo puedes cruzarte con mi mirada en el reflejo, incluso cuando la cosa se ponga intensa.»
  10. La correa imaginaria. «Ponte a cuatro patas sobre la alfombra. Voy a agarrarte por el cuello de la camiseta (o por el pelo) y a guiarte así hasta el dormitorio. Avanzas al ritmo que yo te marque.»

Fase 4: los retos «sin red»

Acción pura y adrenalina. Se acabaron las negociaciones. Estos retos están pensados para la acción directa, la urgencia y la salida de la zona de confort.

  1. La ruleta de los muebles. «Te reto a tomarme ahora mismo sobre un mueble de esta casa en el que nunca hayamos hecho nada. La lavadora, el mueble del recibidor, el escritorio. Elige rápido.»
  2. El body shot. «Túmbate. Voy a echarte un chorrito de sirope, de alcohol o de agua helada en el hueco del ombligo. Tengo que sorberlo todo de un trago. Después, cambiamos.»
  3. El reto del voyeur solitario. «Túmbate boca arriba. Tócate. Date placer mientras te miro desde arriba, con los brazos cruzados. Solo intervendré cuando me lo pidas usando mi nombre de pila completo.»
  4. La coreografía improvisada. «Pongo el móvil en modo aleatorio en Spotify. Da igual el estilo de música que suene (rock, clásica, reguetón): tienes que hacerme un lap dance con ella durante un minuto.»
  5. La llamada arriesgada. «Toma el móvil. Llama al buzón de voz de alguien de tu familia o al contestador de un restaurante. Mientras dejas un mensaje muy serio, yo voy a meterte la mano en el pantalón. Prohibido colgar.»
  6. La huella imborrable (o casi). «Te reto a dejarme una marca de tu paso. Un mordisquito o un chupetón suave, pero tienes que elegir un sitio que yo pueda tapar mañana en la oficina. Te toca a ti afinar la puntería.»
  7. El masaje resbaladizo. «Nos echamos una cantidad disparatada de aceite de masaje por el cuerpo, los dos. El reto: conseguir hacer el amor sin resbalar, apañándonos con la falta de agarre.» El roce es una locura.
  8. La postura del reto. «Abre el navegador y busca “Kamasutra original”. Haz clic al azar en una imagen. Sea cual sea, aunque exija una flexibilidad absurda, tenemos tres minutos para intentar reproducirla.»
  9. La mirada sostenida hasta el final. «Es la regla de oro por esta vez: mientras hacemos el amor, y sobre todo en el momento del orgasmo, mantenemos los ojos bien abiertos, clavados en los del otro. Intimida, es crudo, y no puedes huir de mi mirada.»
  10. La prohibición poscoital. «Cuando hayamos terminado, te obligo a quedarte exactamente en la misma postura. Prohibido levantarte, buscar un pañuelo o ducharte durante diez minutos. Nos quedamos pegados el uno al otro, con el olor y la humedad del momento.»

Vuestras preguntas sobre los retos picantes

¿Qué diferencia hay entre un reto y un castigo?

El castigo cae porque se ha perdido una ronda: lo impone el juego, y el perdedor no ha decidido nada. El reto no necesita ni juego ni perdedor. Se lanza en frío, en mitad de una cena o de un capítulo, y eso es precisamente lo que lo vuelve temible: nadie lo ha visto venir. Si preferís la versión en la que el azar señala a quien cumple, está aquí, con 91 castigos picantes para parejas. Y para el juego que señala a ese perdedor, mirad nuestros juegos sexuales para parejas, con sus reglas.

¿Y si mi pareja rechaza el reto?

Pasáis al siguiente, sin comentarlo y sin negociar. Una negativa rara vez es una negativa de fondo: es cansancio, es el momento, es una consigna que no ha caído bien. El único reto que estropea una noche es el que se lanza por segunda vez. Y diga lo que diga la consigna —varias, en esta página, prohíben por escrito negarse—, una palabra acordada de antemano lo para todo, de inmediato: esa regla está por encima de todas las demás. La manera de sacar el tema está explicada en cómo proponer un juego erótico a tu pareja.

¿Hay que avisar del reto con antelación?

No, y ahí está toda la gracia: la consigna cae sin avisar, y el otro no tiene tiempo de preparar su respuesta. La única excepción son los retos largos, como el número 20 o el número 40, que dan por hecho que tenéis la noche por delante. En ese caso, anunciad que esta noche habrá retos. Nunca cuáles.

¿Por cuál empezar cuando nunca se ha hecho algo así?

Por la fase 1, y por orden. Esos diez no piden más que una copa, un pañuelo o un cubito de hielo, y ninguno obliga a desnudarse. Su verdadero trabajo es hacer que salga el primer «te reto a», que es con diferencia el más difícil de pronunciar. Una vez dicha la frase, el resto de la lista se vuelve sorprendentemente fácil.

¿Hasta dónde llegar con los retos más arriesgados?

Dos retos de la fase 4 implican algo más que a vosotros dos. El número 35 mete a un tercero en el juego, aunque esté ausente: elegid un contestador que no vaya a devolver la llamada, y desde luego no a una persona que vaya a escuchar de verdad el mensaje. El número 36 deja una marca que alguien puede ver al día siguiente: el sitio se decide entre los dos, antes, y no en caliente. Todo lo demás de la lista no sale de vuestra casa.

Ya sabéis lo que os queda por hacer. Leed esta lista, memorizad el orden que más os guste, giraos hacia vuestra pareja y soltad la frase mágica: «Te reto a…». El resto es cosa vuestra. Y si preferís que sea una carta la que lance el reto por vosotros, ese es exactamente el trabajo que hacen los juegos de Oopsia.